Archivos de la categoría ‘Campañas electorales’

Reconozco que cuando mi compañero Juan Carlos Calderón, coordinador de ACOP Andalucía (Asociación de Comunicación Política), me invitó recientemente a acudir a una actividad programada en Sevilla en la que se hablaría de psicología pensé que me costaría encontrarle una aplicación práctica en función de mis intereses. Sin embargo, en cuanto comenzó a hablar el ponente, Daniel Eskibel, me di cuenta de que estaba equivocada y que se abría ante mí un área de conocimiento apasionante con múltiples aplicaciones, muchas de las cuales apenas han sido exploradas.

Daniel Eskibel, psicólogo y estratega político, es el fundador del blog Maquiavelo & Freud. Aplica sus conocimientos en psicología al diseño de estrategias políticas y comunicacionales de candidatos, partidos políticos y gobiernos. Es miembro de la Asociación Latinoamericana de Consultores Políticos y de la American Association of Political Consultants, así como coordinador internacional del Máster en Consultoría Política de la Universidad Camilo José Cela de Madrid.

En su ponencia en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla Eskibel analizó aspectos fundamentales para promover cambios necesarios en el ámbito político desde la psicología. Según indicó, “los partidos políticos solo se ocupan del 5 por ciento de mecanismos mentales del ser humano”. No obstante, “cambiar la política depende del 95 por ciento restante”. En su opinión, los políticos y políticas deberían prepararse “como atletas de alta competición” y atender ese alto porcentaje que en estos momentos “está descuidado, marginado”.

Para este profesional actualmente nos enfrentamos como sociedad al “riesgo de la instantaneidad”, en la que lo inmediato, el hecho de conseguir ser trending topic en Twitter, por ejemplo, o conseguir un gran impacto con un tuit, hace que nos olvidemos en muchos casos de lo esencial. Es algo que analicé en este blog en el post “Lo viral y lo importante”. Por el contrario, defiende que, más allá de la tentación de quedarnos en la superficie, “pongamos la psicología a trabajar en la política”. Nos ayudará a “entender la realidad y a actuar sobre ella”.

En relación con los fallos sonados en los últimos tiempos de encuestas que no permitieron anticipar determinados resultados electorales, Daniel Eskibel se preguntó: “¿No será que no sabemos qué preguntar?”. “Quizá las preguntas no sean las adecuadas”, agregó.

Con respecto a la comunicación, este consultor advirtió que el target, es decir, nuestro público objetivo, “es cada vez más borroso”. “Partimos de la base –indicó– de que nadie se puede comunicar con todo el público”. No obstante, “debemos ser más precisos al describir el público con el que nos queremos comunicar”. Ya no bastan, a su entender, los perfiles sociodemográficos. Cree que “hay algo más” en esos resultados sorpresivos a los que hemos asistido. En concreto, refiriéndose al nuevo presidente de Estados Unidos, manifestó que “no solo es él”, el personaje que observamos, en muchos casos con estupefacción (esto lo añado yo), sino que “Donald Trump es un síntoma”.

Para Eskibel uno de los rasgos psicológicos que sobresalen en estos momentos en nuestra sociedad es la apertura a las nuevas experiencias. Se persigue así un cambio, en un sentido dramático, que tiene que ver con una salida de la vida cotidiana. Por el contrario, se percibe que las personas, en general, “están blindadas al cambio político, porque aun teniendo una gran apertura a las nuevas experiencias, están fuera de la política”.

En otro orden de cosas, el autor de Maquiavelo & Freud analizó el esfuerzo que muchos partidos realizan poniendo el foco en la publicidad televisiva. En este punto, precisó que el 84 por ciento de los electores menores de 35 años desconfía de esta. “Pensamos que saturando al público de comunicación política publicitaria lo vamos a persuadir”, sin embargo, la tendencia es que cada vez escapamos más de la publicidad. Mientras tanto, “la política invierte cada vez más dinero en publicidad de la que la gente huye”. Sobre este asunto comenté en la tertulia posterior a la conferencia que la nueva publicidad programática y la aplicación del Big Data podrían garantizar mayor impacto de la inversión en este terreno. Por tanto, en mi opinión, no se trataría de invertir más o menos dinero, sino de invertirlo de forma correcta y los nuevos avances en esta materia podrán permitir que así sea.

En todo caso, Eskibel sostiene que nos encontramos continuamente con “partidos enfermos de decir aunque digan cosas vacías, enfermos de cortoplacismo”. Incluso nos encontramos a políticos que persiguen un titular en periódicos aunque eso suponga un desgaste enorme para su propia formación política. En su opinión, el político tiene la obligación de encontrar el camino correcto en comunicación para que el electorado halle la clave del asunto. Para ello, según agregó, “los partidos tienen que profesionalizarse y viajar del corto al largo plazo”. Considera que no vamos a cambiar la política a golpe de tuit. Tampoco conseguiremos avanzar si planteamos la negociación en torno a ella como “una sumatoria de líneas rojas”.

En otro orden de cosas, sobre las campañas electorales, el consultor uruguayo destacó la necesidad de “dar batalla sobre la mejor versión de nuestro adversario”. “No hagamos una caricatura, no lo tomemos por tonto”, precisó. “Atacar los puntos débiles fracasa, porque cualquier campaña medianamente profesional está preparada para eso”, según dijo. Además, alertó sobre el peligro del narcisismo y agregó que “solo atacando su fortaleza lo vas a derrotar”, no obstante, “primero hay que reconocerla, encontrarla, estudiarla y darnos cuenta de que toda fortaleza tiene una debilidad”.

 

charladanieleskibel

Con el psicólogo y consultor político Daniel Eskibel y compañeros y compañeras de ACOP en Andalucía.

 

Anuncios

Hace años unos cuantos y unas cuantas en este país clamábamos por una nueva comunicación política y trabajamos para intentar impregnar a los partidos políticos e instituciones gobernadas por estos de esa necesidad. La urgencia por hacer los cambios era cada vez más evidente, al comprobar con los datos que la desafección, el alejamiento de la ciudadanía respecto de la política, iba en aumento. Las formaciones tradicionales introdujeron cambios, pero tan leves, desde su anquilosamiento, que la brecha, agudizada posteriormente por la crisis, se hizo enorme.

 

Llegaron entonces los nuevos partidos que, con la agudeza necesaria para encontrar una oportunidad y responder a las nuevas demandas,  proclamaron la muerte tal como la habíamos conocido de la ‘vieja política’ y el nacimiento, sin marcha atrás, de la ‘nueva política’. Lo curioso, y eso se convirtió en uno de sus principales errores, es que los partidos que ya estaban y que dominaban el escenario político les ‘compraron’ el discurso e hicieron suya en sus intervenciones la apelación a la dicotomía entre las dos supuestas políticas.

 

AlbertRiverayPabloIglesias

Foto: Los líderes de Ciudadanos y de Podemos, Albert Rivera y Pablo Iglesias, respectivamente. (EFE)

 

Estos eran algunos de los aspectos cuya importancia subrayábamos hace casi una década para promover una nueva comunicación política y que han tomado tanta fuerza en la actualidad:

 

  • HORIZONTALIDAD.
  • DIÁLOGO.
  • ESCUCHA ACTIVA.
  • SENCILLEZ.
  • PREDOMINIO DE LO VISUAL
  • CONEXIÓN CON VALORES

 

Entonces, a partir de 2008 fundamentalmente, se produjo la eclosión de las redes sociales y estas se convirtieron en la mejor herramienta para poner en práctica los preceptos de esa nueva forma de comunicar. Las organizaciones surgidas a raíz de la crisis han sabido explorar las posibilidades de estos espacios en Internet y, además, han contribuido, a partir de la demanda de esa potenciación visual a la que me refería antes, a favorecer una simbiosis más perfeccionada entre política y platós de televisión.

 

No obstante, la política, llámase como se llame, sigue siendo tal, con los mismos preceptos, con las mismas bases fundamentales, con los mismos posibles vicios y similares virtudes que antaño, aunque modifique sus prioridades y atienda nuevos valores. Lo que ha cambiado es la manera de comunicarla, tras una evolución que se intuía lógica y necesaria, como planteaba al principio. También ha cambiado el contexto, marcado por los efectos de la crisis vivida. Sin embargo, no nos encontramos ante una nueva política, sino, fundamentalmente, ante una nueva comunicación política.

 

Y tú, ¿qué opinas al respecto? Te animo a comentar en el blog siempre que lo desees, a través de la página de Facebook ‘Comunicación y tendencias’ o de los demás perfiles en redes sociales.

 

 

     El acto de votar suele ser, debe serlo, por supuesto, un ejercicio personal consciente que nos empodera en democracia. En él podemos encontrar una serie de componentes conectados con nuestra capacidad de razonar, pero también hallamos elementos emocionales que tratan de ser activados por los políticos en campaña electoral. 

     Podríamos hablar, por tanto, de un voto eminentemente racional cuando responde a preguntas como cuáles son las propuestas de los partidos que mejor conectan con mis valores, cuáles creo que se corresponden con el modelo de sociedad que anhelo, cuál es el partido que presenta una trayectoria más sólida y tiene al candidato mejor formado, etc. 

     Existe también el voto emocional, relacionado principalmente con otros aspectos como cuál es el cabeza de lista que mejor me cae, quién es capaz de generarme más ilusión, quién me transmite más en televisión… Puede estar asimismo basado en la tradición sentimental de pertenencia a una formación, lo cual convierte su elección en algo incondicional. En este aspecto tienen ventaja a priori los partidos con más historia, que deben movilizar a este electorado y asegurarlo para, a continuación, ampliar el espectro de votantes captando la atención de los indecisos.

     Yo hablaría también de otro tipo de voto: el visceral. Este es precisamente al que han apelado, en gran medida, las nuevas formaciones para convertirse en alternativa de gobierno. Hace tiempo escribí que el ascenso de estas opciones novedosas que estaban rompiendo el bipartidismo, mientras dejaban a IU casi en fuera de juego, se debía más a los errores ajenos, que a méritos propios. No obstante, también se han dado estos últimos, evidentemente. 

     Considero que siempre es importante analizar los programas electorales de unos y otros antes de tomar una decisión, pero en estas elecciones del 20 de diciembre en España esta necesidad me parece imperiosa. Después hay que luchar porque se mantengan abiertos cauces de participación que nos permitan exigir su cumplimiento.

     En una campaña electoral que coordiné ofrecíamos uno a uno a los ciudadanos que si lo deseaban uno de los miembros de la candidatura iría a su casa y les explicaría personalmente el programa electoral y resolvería sus dudas, en caso de que las tuvieran. Si lo preferían podían solicitar que se les enviara el documento. Me parecía algo esencial, un derecho ciudadano incuestionable.

     ¿Por qué es tan importante ahora estudiar los programas? España ha vivido años muy complicados en los que, casi sin darnos cuenta, porque estábamos totalmente imbuidos por las exigencias de la crisis, hemos ido perdiendo derechos sociales.  

     Creo que los mejores años de nuestro país están por venir y que deben aprovecharse para consolidar avances ciudadanos, recuperar derechos perdidos y ampliarlos. 

     La crisis ha provocado una reformulación general de valores que, en mi opinión, los nuevos partidos han sabido interpretar mejor y por esa razón principalmente han ido ganando y ganando adeptos. A este tema tan importante de la comunicación política es al que me refiero al hablar de coolhunting político. No creo que sea un aspecto que a la derecha tradicional le preocupe, ya que su ideario suele tener una mínima evolución prospectiva. En cambio, es un asunto que me parece esencial para formaciones progresistas como el PSOE.
 

     El acierto a la hora de conectar con esos valores nuevos o reformulados lleva a la habilidad para movilizar el voto emocional. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que dejarnos dominar por asuntos alejados de la razón a la hora de votar nos puede llevar a optar por el gobernante que mejor nos caía como candidato y acabar así relegando al mejor gobernante.

  

  

 

     Lo más peligroso, a mi juicio, radica en la movilización del voto visceral, ese que, alejado de toda razón, prioriza sentimientos negativos tales como el ansia de castigo o venganza, la rabia o la frustración. Se trata, en todos los casos, de elementos destructivos. Por ello animo a que reflexionemos, antes de dejarnos llevar por él, ya que, al contrario de lo que promueve, unas elecciones deben estar orientadas hacia un cambio constructivo que nos conduzca hacia una sociedad mejor, nunca hacia la destrucción.

En los últimos tiempos se ha hablado y escrito mucho sobre la desafección política, el desencanto general de la ciudadanía respecto a los partidos, la aparición de nuevas formaciones alternativas a las tradicionales y de su influencia en aspectos claves de la tradición en España, como el comúnmente llamado bipartidismo… Se trata de síntomas de que nuestro sistema y fundamentalmente la manera de relacionarse políticos y ciudadanos demandaban cambios que no pueden ser superficiales.

Los partidos políticos en nuestro país han ido facilitando cierta profesionalización en sus estructuras, especialmente en el momento de la preparación y del desarrollo de las campañas electorales. De forma paralela, las formaciones han ido incorporando elementos propios del marketing que les han permitido explorar nuevas fórmulas para relacionarse con su electorado potencial.

Sin embargo, las investigaciones sociológicas aplicadas al ámbito político se han usado mucho menos de lo deseable para conocer los problemas y preocupaciones reales de los ciudadanos y ciudadanas. La atención de muchos políticos se centra en estos casos en la intención de voto o en la medición de la popularidad de candidatos y candidatas.

Por otra parte, la ausencia de un liderazgo político claramente definido y personalizado en estos tiempos de crisis ha coincidido con una de las mayores revoluciones comunicativas que se ha dado en la historia y que tiene que ver con Internet y, en concreto con las redes sociales. Éstas han propiciado un empoderamiento ciudadano en términos de comunicación nunca antes visto. Mediante la ‘viralidad’ hemos pasado de la máxima de “la información es poder”, que apunta al mantenimiento de contenidos relevantes en manos de unos pocos, a la convicción de que “el poder está en compartir”.

De acuerdo con los planteamientos que de forma transversal propugno en este blog para la comunicación y el marketing en general, abordo, ahora que nos encontramos en la antesala de unas elecciones generales en España, un enfoque innovador para desarrollar una nueva comunicación política que le permita conectar de manera más eficaz con la ciudadanía. Su objetivo principal es plantear una comunicación basada en valores desde la política y que estos estén alineados convenientemente con los que resulten prioritarios para los ciudadanos y ciudadanas.

NUEVO MODELO DE COMUNICACIÓN

Entiendo que las fórmulas tradicionales a las que han recurrido las formaciones políticas para comunicar con su electorado y con la población en general no son totalmente efectivas en la actualidad. Esto tiene que llevar a redefinir el modelo comunicativo para dar respuesta a las necesidades del contexto actual.

Uno de los planteamientos más innovadores que defiendo se refiere a la aplicación de la metodología propia del coolhunting. La investigación de tendencias ayudaría a orientar la comunicación política hacia la demanda real de la ciudadanía. Este enfoque implicaría, sobre todo, establecer sistemas de detección de indicios de cambio en la sociedad e interpretarlos para comprobar si son el inicio de una tendencia que pueda conducir a nuevas preferencias o hábitos de los ciudadanos y ciudadanas. Todo ello contribuiría a dar una respuesta adecuada y con mayor rapidez que hasta ahora desde la política a esos cambios sociales.

Señalo a continuación las principales claves que, en mi opinión, definen el coolhunting político y que ya expuse con más detalle en un artículo para la Asociación Española de Coolhunting:

  • Detección de indicios de cambio.
  • Adaptación de las acciones políticas a una demanda real.
  • Innovación.
  • Monitorización.
  • Interpretación de los cambios.
  • Diferenciación.
  • Seguimiento de líderes de opinión, ‘trendsetters’, ‘mavens’, ‘influencers’…
  • Trascender de lo local a lo global y al revés.
  • Anticipación.
  • Impulsar una relación más empática.

En el enfoque comunicativo que defiendo resalto la importancia en este nuevo enfoque comunicativo de valores como la empatía. Considero que esta tendría que ser la fuerza inspiradora de toda acción política. Como explica el consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí en un artículo publicado en diciembre de 2014 bajo el título ‘La perplejidad en la política’, existe un concepto fundamental para la política que, sin embargo, no es asumido como tal por muchos de nuestros representantes, mientras crece la perplejidad de los ciudadanos ante la ausencia de respuestas. Se refiere a la empatía.

La investigación desarrollada por el coolhunting contribuye a ampliar el conocimiento de la sociedad que nos rodea y con ello puede facilitar una relación más empática de los políticos hacia los ciudadanos en general.

Jeremy Rifkin, en su ensayo ‘La civilización empática. La carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis’ (Paidós, Estado y Sociedad 175; 2010) analiza la evolución empática de la humanidad y la manera en la que puede influir sobre nuestro futuro. El autor hace referencia a las recientes investigaciones sobre el cerebro y el desarrollo infantil que apuntan hacia un replanteamiento de “la antigua creencia de que el ser humano es agresivo, materialista, utilitarista e interesado por naturaleza”. A este respecto, sostiene que “la conciencia creciente de que somos una especie esencialmente empática tiene consecuencias trascendentales para la sociedad”.

La comunicación es algo mucho más complejo que un simple intercambio de mensajes. En el caso de un líder, este proceso suele estar orientado hacia la acción, con lo cual debe tener la capacidad de hacerse entender y de entender a los demás para poder guiar de la manera esperada sus acciones. La empatía en comunicación tiene mucho que ver con la habilidad para escuchar, no solo con los oídos, sino con todos los sentidos, y va más allá de la visión común que tenemos de ella en el sentido de que se limita a situarnos en la piel del otro.

EL BIEN COMÚN

Otro de los conceptos fundamentales que propongo en este nuevo enfoque comunicativo está relacionado con la política como proyecto colectivo. “El político es un profesional del bien común”, ha dicho Manuel Vicent . ¿Ha dejado de ser así? Si la respuesta es afirmativa, ¿en qué momento ha ocurrido y por qué?

El concepto del bien común vinculado a la política ha estado presente en la historia fundamentalmente por la tradición filosófica aristotélica. Sin embargo, en la modernidad fue superado por una concepción más individualista. En nuestros días, aquella visión de Aristóteles comienza a adquirir nuevos bríos, renovados, eso sí.

Defiendo la necesidad urgente de darle un nuevo enfoque a la comunicación en el ámbito que nos ocupa, con el objetivo principal de situar al ciudadano en el centro. Esta perspectiva es la que debe impregnar toda acción política, no sólo comunicativa.

Para desarrollar un verdadero enfoque ciudadano en la comunicación política tenemos que superar la tentación de quedarnos en la superficie. Esta limitación es la que se ha venido dando en muchos intentos desde la política por implementar una relación más cercana con la ciudadanía a través de la comunicación. Debemos ir más allá de lo superficial, rasgar lo suficiente para penetrar en las estructuras desde las cuales modificar todo lo que resulte mejorable. Se trata, por tanto, de hurgar en lo que se nos muestra para redimensionar lo exterior desde las propias entrañas del sistema preestablecido.

En un artículo publicado por la Asociación de Comunicación Política (ACOP) en diciembre de 2014, David Redolí, que actualmente la preside, y Juan Manuel Zafra, señalan:

“La sociedad líquida que describe Zygmunt Bauman en sus textos se ha hecho vaporosa, evanescente. Los viejos mapas no sirven para movernos en la sociedad Red que describió Manuel Castell. La inestabilidad genera inseguridad y esta acostumbra a convertirse en miedo y en parálisis por norma general. Hoy priman la inmediatez, el ‘nada a largo plazo’ y la incertidumbre. Un contexto al que la política debe dar respuestas. Y, por supuesto, con la ayuda de la comunicación política”.

Los autores abordan la importancia de una gestión comunicativa protagonizada por personas que orienten sus propuestas a las demandas reales de los ciudadanos.

Es, en definitiva, el momento para que una política humanizada y mucho más empática promueva un diálogo real para hacer frente a la ausencia de comunicación efectiva, impulse la escucha como punto de partida para la acción y vaya más allá de la superficie, de manera que pueda encontrar la realidad que se oculta bajo lo visible y las claves para cambiarla a través, sobre todo, de los valores que nos permitan avanzar hacia una sociedad mejor.

Nota: Recuerda que si te ha gustado este artículo o el blog en general puedes votar por él en los Premios Bitácoras 2015. En este momento está entre los primeros clasificados en la categoría Social Media y Marketing.

PUEDES VOTAR HACIENDO CLIC AQUÍ

Susana Díaz rodeada de seguidores en un acto en Huelva.

Susana Díaz rodeada de seguidores en un acto en Huelva.

Acaban de celebrarse las primeras elecciones especialmente significativas en España de este año 2015, cargado de citas electorales. Los comicios andaluces han sido analizados por muchos como la antesala de lo que podría ocurrir en próximas convocatorias. A continuación os dejo algunas de mis conclusiones sobre esta campaña electoral, atípica en muchos aspectos, que ha recibido una atención muy destacada fuera de Andalucía:

  • La primera conclusión, evidente, es que la mayoría de los andaluces y andaluzas considera al PSOE su principal referente de Gobierno.
  • Nuestra primera reflexión nos conduce a la segunda: que quienes han perdido estas elecciones y reaccionan como en otras ocasiones, insultando a los votantes de esta Comunidad y restando valor a su opción libre, están contribuyendo a un mayor alejamiento de su partido con respecto a los andaluces.
  • El ‘frikismo’ en Política, buscando un impacto mediático inmediato, solo con acciones visuales, sin fundamento, sin más mensaje que la propia envolvente del pretendido mensaje, puede llevar a la irrelevancia. En este punto cabe recordar algunas de las escenas protagonizadas por el candidato de UPyD, Martín de la Herrán, quien llegó hasta el punto de “celebrar” de esta manera sus pésimos resultados electorales.

  • La micropolítica tiene un valor esencial en la capacidad de los candidatos y candidatas de conectar con el electorado potencial.
  • Los resultados en las elecciones autonómicas no son claramente extrapolables a las municipales, pero marcan tendencias, de cuyo análisis más o menos atinado dependerá en gran medida la capacidad de anticiparse a lo que podría ocurrir en la próxima cita electoral.
  • La importancia de prestar atención a las tendencias y conocer las claves para interpretarlas correctamente nos lleva a un concepto cuya utilidad hemos abordado anteriormente: el coolhunting político.
  • El hecho de que el partido que ha obtenido el respaldo mayoritario no haya alcanzado la mayoría absoluta, así como la entrada de nuevas formaciones en el Parlamento andaluz, abren una etapa apasionante para los analistas políticos, que asistirán a un escenario de búsqueda de equilibrios sin precedentes en esta Comunidad.
  • Una mayoría de ciudadanos sigue optando por ejercer su derecho al voto, aunque exprese su repulsa por la mala praxis en política que ha enturbiado la imagen de ésta hasta situar a los partidos y los políticos entre los principales problemas del país, además de la corrupción.
  • La obcecación del presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, pese a la evidencia de los resultados, puede conducir a su partido a una debacle en próximas citas electorales en Andalucía.
  • El trasvase de votos de los conocidos como partidos tradicionales hacia los nuevos se corresponde más con desaciertos de los primeros que con aciertos de los segundos. Por esta razón, quienes no hagan la oportuna autocrítica estarían haciéndose un flaco favor. Unos corren el riesgo de ‘conformarse’ con lo ocurrido y relajarse a pesar de la necesidad incuestionable de cambios y otros se enfrentan al peligro de que se les ‘suba a la cabeza’ lo sucedido y se resistan también a introducir las modificaciones oportunas en su forma de actuar. Tanto en uno como en otro caso los principales perjudicados serían los ciudadanos en general.
  • Ciudadanos y Podemos han recogido en gran medida un voto ‘cabreado’, que desconoce el nombre de los líderes regionales de dichos partidos o sus programas electorales, pero que ha optado por ellos para dar su particular toque de atención. Esto conlleva ahora a que dichas formaciones tengan la responsabilidad de responder con proyectos alternativos e ilusionantes para consolidar ese respaldo.
  • Todos los partidos, sin excepción, deben hacer autocrítica a raíz de los resultados. De este trabajo introspectivo que realice cada formación, tanto en el ámbito andaluz como nacional, dependerá en gran medida el futuro inmediato de los mismos y, por ende, de la política en España.