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Lo decía con la brillantez que lo caracteriza Juan José Millás en una de sus colaboraciones en la cadena Ser: “¿y si lo que venimos definiendo como perfil bajo de Rajoy no fuera el resultado de una estrategia electoral sino la expresión de una forma de pensamiento… y si cuando Rajoy dice para crear empleo es preciso crear empleo está manifestando realmente una creencia profunda…?”.

Se trate o no de una característica intrínseca del candidato del PP, en estas Elecciones Generales que hoy celebramos el caso es que la campaña desarrollada por Génova ha estado a la altura del candidato. El mejor símbolo que he encontrado es el propio cartel electoral, la imagen de un Mariano Rajoy mirando al horizonte, tratando de mostrar su expresión más angelical, sin mirar de frente a los ciudadanos y ciudadanas a quienes precisamente está pidiendo el voto… un Rajoy, en definitiva, de perfil.

El candidato ‘popular’ ha tratado de no arriesgar, sus asesores han intentado en todo momento no exponerlo a posibles imprevistos, hasta el punto de prohibir la realización de ruedas de prensa o de declaraciones ante los medios. Las comparecencias han sido, por tanto, lo más enlatadas posible, y sólo en las entrevistas a las que sería escandaloso que también se negara, ha ido desvelando parte del programa que el PP ha querido ocultar a toda costa para no asustar demasiado.

El diario británico ‘The Times’ se refería a la ambigüedad y la poca concreción de Rajoy a la hora de culparlo de la inestabilidad de la prima de riesgo, esa precisamente de la que se ha aprovechado de manera descarada para lograr un mayor apoyo.

La situación que vive España, al igual que el conjunto de la Unión Europea (UE) y otros países del mundo, es tan complicada que lo deseable sería contar con un presidente fuerte, con una enorme capacidad contrastada… un líder político que no se sitúe de perfil ante los problemas. Sin embargo, si las encuestas no se equivocan y los pronósticos se cumplen, será precisamente alguien con un talante totalmente distinto a lo esperable en momentos como éstos quien se convierta en nuevo presidente de España. Siguiendo sus propias palabras, que anticipaban una política económica “como dios manda”, que dios nos coja a todos confesados.

(NOTA: post importado desde el blog anterior de la misma autora ‘Enfoque Ciudadano’)

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Hace unos días tuve ocasión de intervenir en un acto sobre Política 2.0 organizado por el PSOE de Huelva. Se trataba de una sesión de trabajo con candidat@s, militantes y simpatizantes, en general, interesados en nuevas formas de Comunicación. El éxito de la convocatoria demuestra el interés que despiertan las redes sociales y su proyección para los partidos políticos en la relación con la ciudadanía.

Como comenté a los asistentes, nadie duda ya de la importancia que tiene Internet para la acción política. Hay que estar, por supuesto, pero no de cualquier manera. En relación con los partidos, hay dos formas principales de participar en estos entornos sociales virtuales: una, se reduce prácticamente a mirarse el ombligo (revisar estadísticas, contar el número de trolls que se es capaz de generar, etc.) y otra, que se centra fundamentalmente en explorar instrumentos para mejorar la acción política.

En la tarea de usar Internet, en general, y las redes sociales, en concreto, para introducir mejoras de manera continua en la relación entre políticos y posibles votantes, entre gobernantes y gobernados, resulta fundamental un concepto: la escucha activa. Esta es una idea importantísima para romper el desapego de la ciudadanía con la Política. Con su aplicación, la gestión es compartida con los ciudadanos, por lo que estos dejan de ser meros destinatarios en el proceso comunicativo.

No en vano nos encontramos en un momento en el que el ciudadano tiene más poder que nunca para hacer llegar sus reacciones a los políticos, de modo que éstos puedan darles una respuesta. Tenemos una responsabilidad enorme. Debemos ser garantes de un nuevo modelo de comunicación y de acción políticas que se orienta  hacia el ciudadano mediante la escucha activa. Estas nuevas formas comunicativas sitúan a las personas en el centro de la gestión política. Por ello en un proceso electoral como el que nos ocupa los candidatos y candidatas deben estar en las redes sociales para dialogar.

ROMPER MUROS

Terminé mi intervención comentando que yo formo parte de una generación que ha tenido que adaptarse progresivamente a las nuevas tecnologías. De hecho mi primer contacto con un ordenador fue en la Facultad, en Primero de Periodismo. No nací con un ipad, un iphone, ni siquiera con un teléfono móvil convencional debajo del brazo. Pertenezco a esa generación de ‘inmigrantes digitales’ frente a la que se encuentran los conocidos como ‘nativos digitales’. Estos últimos se enmarcan, igualmente, en la que en nuestro país es reconocida como la Generación Tuenti.

Los nativos digitales son el presente, pero, sobre todo, son el futuro, por lo que resulta esencial romper muros entre las dos generaciones e implicar a los primeros en la acción política. Sin esa generación el cambio hacia una sociedad mejor no será posible.

(NOTA: post importado desde el blog anterior de la misma autora ‘Enfoque Ciudadano’)

Hoy, al despertar envuelta en este silencio propio de las mañanas del fin de semana en mi ciudad, me han venido a la memoria recuerdos de donde me encontraba días como éste hace exactamente un año. He recordado el mismo silencio inquietante pero premonitorio que había alrededor de la Casa Blanca aquel 4 de noviembre y apuntando hacia ella los focos de decenas de cámaras de televisión de todo el mundo, instaladas en los edificios de enfrente.

Junto a la Casa Blanca con José Luis Acedo. Noviembre'08

 

Esta semana han corrido ríos de tinta sobre lo mucho, lo poco, lo rápido o lo lento que ha cambiado Estados Unidos, y con este país como motor de cambio, el resto del mundo, desde la victoria de Barack Obama. También se ha escrito mucho sobre cómo su campaña electoral y su elección como presidente de la primera potencial mundial, la manera en que todo ello ocurrió, supuso una revolución en la comunicación política tradicional que venían desarrollando los partidos. No pretendo hablar ahora de eso, sino escribir sobre las sensaciones que todo el proceso provocaron en mí.

Indicación de un colegio electoral en USA'08

 

La impresión de vivir algo histórico, más allá de los límites territoriales de USA, tuvo mucho que ver con la emoción compartida por tantos al escuchar el ‘Yes, we can’  hecho canción, símbolo del deseo generalizado, casi universal, por un tiempo nuevo alejado de guerras injustas (todas lo son, en mi opinión), de capitalismo salvaje, de soberbia, de ausencia de respeto hacia el más débil, de falta de diálogo, de la no participación de la ciudadanía en la toma de decisiones que le afectan, de insolidaridad, de las barreras ficticias por raza, sexo, religión… Del mismo modo, nos emocionaban los discursos escritos por el jovencísimo Jon Fraveau para ser entonados de forma tan brillante por Obama (un colega sostiene que ganó las elecciones en gran medida por su voz).

Cola ante The Washington Post el día después de la jornada electoral para adquirir la edición especial del periódico

De esos días mágicos en Estados Unidos de los que ahora se cumple un año recuerdo los encuentros con periodistas de primer nivel desplazados para cubrir el acontecimiento, entre ellos a Matías Prats y al resto del equipo de Antena 3, a quienes agradezco que me llevaran al hotel desde el aeropuerto; las dudas de algunos taxistas negros respecto a Obama, que me hicieron temer por primera vez un posible exceso de confianza en la victoria; la mesa redonda con Anita Dunn, ahora directora de Comunicación de la Casa Blanca; el almuerzo con Ben Self, de Blue State Digital, empresa encargada de la tan exitosa campaña en Internet del ahora presidente de los Estados Unidos; las colas interminables ante la sede principal de The Washington Post para adquirir un ejemplar de la edición especial sobre las elecciones, que, por cierto, se revalorizó de manera inmediata tanto en los puestos callejeros como en las subastas on line; la fiesta organizada por Ravy Sign en la noche electoral y las lágrimas de algunos asistentes; los abrazos de desconocidos por la calle tras conocer la victoria demócrata; las cervezas en el Post Pub (recomendación de Marc López Plana) en las horas previas al momento de la elección; la engañosa tranquilidad en el despacho de Obama en el Senado… En fin, tantas, tantas cosas que sólo me llevan hacia el recuerdo de haber asistido muy de cerca a uno de los momentos histórico-políticos más importante y emocionante de nuestra vida…

 

Puerta del despacho de Obama en el Senado de los Estados Unidos

 

 

 

 

En un momento en el que mucha gente se despide hasta la vuelta de vacaciones yo rompo mi silencio voluntario de las últimas semanas para recuperar mi blog. Pongo fin así a este semiapagón digital, necesario después de tantos días a tope de trabajo. Tras darlo todo en una campaña electoral (con excelentes resultados en mi territorio, por cierto, ya que Huelva fue en las últimas Elecciones Europeas  la provincia de toda España con más apoyo porcentual al PSOE) se siente la necesidad de reoxigenar la mente en estos temas para volver con más fuerza.

He elegido un asunto que me parece fundamental en Comunicación Política y que suele plantear muchos problemas. Hay políticos que se enfrentan a muchas dificultades para comunicar, no por falta de capacidad, sino, sobre todo, por su inseguridad.

Existen magníficos cursos de comunicación que nos permiten familiarizarnos con las herramientas propias de un entorno mediático y mejorar nuestras habilidades, pero de nada sirven si no detectan el problema de la inseguridad y tratan de corregirlo.  La preparación y la práctica son vías para resolverlo, pero puede que terminen resultando insuficientes.

Una de las mejores alternativas para trabajar la seguridad en uno mismo y en la capacidad comunicativa es someterse a un coaching con un buen especialista. A través de él tendremos la oportunidad de sacar lo mejor que tenemos.  Si no podemos realizar un proceso de este tipo aún podremos afrontar por nosotros mismos nuestro temor a hablar directamente en público o ante los medios.

Para empezar hay un sencillo ejercicio que suelo usar en los cursos en los que he participado y que nos permite realizar un autoanálisis y conocer mejor nuestras debilidades para transformarlas en fortalezas. Nos sentamos en silencio, con un folio en blanco delante, y durante unos 5 minutos repasamos mentalmente cómo somos, qué sentimos cuando por ejemplo tenemos que dar una rueda de prensa, cuáles son nuestros miedos… A continuación, nos concentramos en volcar sobre un lado del papel todos aquellos conceptos que evocan todo eso que impide que podamos comunicar sin temor, es decir, todos nuestros puntos débiles.

Al concluir, damos la vuelta al papel y escribimos palabras que definan todos aquellos aspectos de nosotros mismos que nos gustan y que, seguramente, convertirán en fortalezas las debilidades que hemos registrado en el lado del folio contrario (seguro que después de reflexionar un rato uno se da cuenta.  de que no lo hace tan mal como pensaba).

Probablemente, muchos de los conceptos señalados en una cara de la hoja están relacionados con los de la otra y nos dan claves para ir superando nuestra inseguridad. Es posible, por ejemplo, que en un lado hayamos escrito falta de práctica y en el otro frescura o naturalidad.

En todo caso no debemos olvidar, como se suele decir comúnmente, que nadie nace sabiendo y es importante tener en cuenta tres aspectos esenciales:

1.- Preparación:  trataremos de no improvisar en la medida de lo posible. Esto no debe significar perder naturalidad, pero está claro que cuanto más controlemos el tema que abordemos más seguro o segura  nos sentiremos.

2.- Ser uno mismo: fingir algo que no somos nos hará resultar tan artificiales que provocaremos rechazo en la audiencia.

3.- Conocer el medio y al público: cuanta más información tengamos, más familiarizados estaremos con ellos y ello redundará en una mayor sensación de seguridad.

(NOTA: post importado desde el blog anterior de la misma autora ‘Enfoque Ciudadano’)

Si el nuevo modelo de Comunicación Política hacia el que nos dirigimos está basado en un enfoque ciudadano, es decir, está claramente orientado a éste a través de la escucha activa, las tendencias actuales de marketing sitúan a las personas en el centro. Esto, que a priori puede parecer una obviedad, en el sentido de que es lógico que toda empresa, servicio, partido político, administración, etc., dirija la mirada hacia su cliente, público objetivo o destinatario de sus políticas, no ha sido así siempre.

El marketing de las personas no se limita a investigar previamente las necesidades, intereses, prioridades, etc., para adaptar su oferta a todo ello. En primer lugar este nuevo modelo ‘humaniza’ el mercado hasta el punto de situar al ciudadano, no al individuo anónimo, en el centro neurálgico de todo lo que suceda desde el momento en que se establezca una relación entre ambos. A través de la escucha, la respuesta, la gestión de ésta y el feed-back se convierten en elemenos fundamentales.

Una de las claves en la práctica de este nuevo modelo se encuentra en el desarrollo de la web social, que permite, precisamente, aplicar elementos de la escucha activa y dar de ese modo un mayor protagonismo a los destinatarios en el proceso comunicativo. Como puede comprobarse en este vídeo esta nueva realidad está modificando el contexto en el que desarrollan su actividad los medios de comunicación tradicionales.

En Política la implementación de este modelo puede tener consecuencias positivas inmediatas que, en mi opinión, permitirán combatir el desapego de los ciudadanos en la medida en que el nuevo enfoque sea aceptado por instituciones y responsables políticos. Éstas son algunas:

– Personalización de los mensajes.

– Mayor interacción.

– Reciprocidad en la Comunicación.

– Incentivación del interés por los contenidos.

– Gestión política compartida con los destinatarios.

– Horizontalidad frente a verticalidad.

– Mayor atención a las preferencias personales.

– Segmentación de los públicos y mayor potencial para la targetización.

– Fragmentación de los mensajes.

– Reducción del ruido en el proceso comunicativo.

– Mejor gestión del impacto de los mensajes y acciones políticas.

En el caso de las campañas electorales el desarrollo de este nuevo modelo comunicativo está teniendo un efecto inmediato. Los planteamientos no pueden ser ya los mismos. Sin olvidar los medios tradicionales, las campañas en la actualidad deben responder a los nuevos retos de la relación con la sociedad.

Con todos estos cambios es evidente que las campañas electorales ya no serán como antes. En gran medida ya no lo son y si lo fueran estarían condenadas a no alcanzar resultados deseables. Digo esto aunque hay que tener en cuenta que no debemos cambiar aquello que funciona, es decir, que si existen técnicas clásicas efectivas tenemos que seguir usándolas.

Esta nueva visión deja incompleta la recomendación que hacía años atrás Joseph Napolitan, considerado padre de la Consultoría Política en el mundo.  Él afirmaba que había tres pasos para ganar cualquier campaña:

1.- Decide qué vas a decir.

2.- Decide cómo y a quién se lo vas a decir.

3.- Dilo.

Estas sugerencias, basadas en tres aspectos tan simples y básicos, a la vez que imprescindibles en una campaña electoral quedarán obsoletas si a ellas no sumamos una visión más cercana a la escucha activa. Al final se trata de hacer más horizontal el proceso comunicativo y no tan vertical como se ha venido planteando. La gente ya no espera lo que va a recibir del cielo… promueve lo que debe recibir en su entorno más inmediato.

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(NOTA: post importado desde el blog anterior de la misma autora ‘Enfoque Ciudadano’)