Posts etiquetados ‘Comunicación Política’

En los últimos días he tenido la oportunidad de analizar en foros muy interesantes aspectos que yo considero fundamentales para alcanzar un liderazgo que resulte inspirador. Una de esas claves se encuentra en una gestión estratégica de nuestra comunicación personal de manera coherente con aquello que somos y con lo que de manera diferencial podemos ofrecer a la sociedad para posicionarnos correctamente.

 

En este caso comparto una charla con el coach Joan Gaya para su grupo de coaching ‘Mujeres extraordinarias’. Él ha considerado que de alguna forma el camino que yo he recorrido para llegar hasta donde me encuentro en estos momentos, mis valores y mi forma de entender el liderazgo femenino podrían resultar de inspiración para las integrantes de este foro. Esto representa un orgullo para mí y, además, es un placer siempre tener la oportunidad de compartir y aprender con otras personas.

 

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En los últimos tiempos se ha hablado y escrito mucho sobre la desafección política, el desencanto general de la ciudadanía respecto a los partidos, la aparición de nuevas formaciones alternativas a las tradicionales y de su influencia en aspectos claves de la tradición en España, como el comúnmente llamado bipartidismo… Se trata de síntomas de que nuestro sistema y fundamentalmente la manera de relacionarse políticos y ciudadanos demandaban cambios que no pueden ser superficiales.

Los partidos políticos en nuestro país han ido facilitando cierta profesionalización en sus estructuras, especialmente en el momento de la preparación y del desarrollo de las campañas electorales. De forma paralela, las formaciones han ido incorporando elementos propios del marketing que les han permitido explorar nuevas fórmulas para relacionarse con su electorado potencial.

Sin embargo, las investigaciones sociológicas aplicadas al ámbito político se han usado mucho menos de lo deseable para conocer los problemas y preocupaciones reales de los ciudadanos y ciudadanas. La atención de muchos políticos se centra en estos casos en la intención de voto o en la medición de la popularidad de candidatos y candidatas.

Por otra parte, la ausencia de un liderazgo político claramente definido y personalizado en estos tiempos de crisis ha coincidido con una de las mayores revoluciones comunicativas que se ha dado en la historia y que tiene que ver con Internet y, en concreto con las redes sociales. Éstas han propiciado un empoderamiento ciudadano en términos de comunicación nunca antes visto. Mediante la ‘viralidad’ hemos pasado de la máxima de “la información es poder”, que apunta al mantenimiento de contenidos relevantes en manos de unos pocos, a la convicción de que “el poder está en compartir”.

De acuerdo con los planteamientos que de forma transversal propugno en este blog para la comunicación y el marketing en general, abordo, ahora que nos encontramos en la antesala de unas elecciones generales en España, un enfoque innovador para desarrollar una nueva comunicación política que le permita conectar de manera más eficaz con la ciudadanía. Su objetivo principal es plantear una comunicación basada en valores desde la política y que estos estén alineados convenientemente con los que resulten prioritarios para los ciudadanos y ciudadanas.

NUEVO MODELO DE COMUNICACIÓN

Entiendo que las fórmulas tradicionales a las que han recurrido las formaciones políticas para comunicar con su electorado y con la población en general no son totalmente efectivas en la actualidad. Esto tiene que llevar a redefinir el modelo comunicativo para dar respuesta a las necesidades del contexto actual.

Uno de los planteamientos más innovadores que defiendo se refiere a la aplicación de la metodología propia del coolhunting. La investigación de tendencias ayudaría a orientar la comunicación política hacia la demanda real de la ciudadanía. Este enfoque implicaría, sobre todo, establecer sistemas de detección de indicios de cambio en la sociedad e interpretarlos para comprobar si son el inicio de una tendencia que pueda conducir a nuevas preferencias o hábitos de los ciudadanos y ciudadanas. Todo ello contribuiría a dar una respuesta adecuada y con mayor rapidez que hasta ahora desde la política a esos cambios sociales.

Señalo a continuación las principales claves que, en mi opinión, definen el coolhunting político y que ya expuse con más detalle en un artículo para la Asociación Española de Coolhunting:

  • Detección de indicios de cambio.
  • Adaptación de las acciones políticas a una demanda real.
  • Innovación.
  • Monitorización.
  • Interpretación de los cambios.
  • Diferenciación.
  • Seguimiento de líderes de opinión, ‘trendsetters’, ‘mavens’, ‘influencers’…
  • Trascender de lo local a lo global y al revés.
  • Anticipación.
  • Impulsar una relación más empática.

En el enfoque comunicativo que defiendo resalto la importancia en este nuevo enfoque comunicativo de valores como la empatía. Considero que esta tendría que ser la fuerza inspiradora de toda acción política. Como explica el consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí en un artículo publicado en diciembre de 2014 bajo el título ‘La perplejidad en la política’, existe un concepto fundamental para la política que, sin embargo, no es asumido como tal por muchos de nuestros representantes, mientras crece la perplejidad de los ciudadanos ante la ausencia de respuestas. Se refiere a la empatía.

La investigación desarrollada por el coolhunting contribuye a ampliar el conocimiento de la sociedad que nos rodea y con ello puede facilitar una relación más empática de los políticos hacia los ciudadanos en general.

Jeremy Rifkin, en su ensayo ‘La civilización empática. La carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis’ (Paidós, Estado y Sociedad 175; 2010) analiza la evolución empática de la humanidad y la manera en la que puede influir sobre nuestro futuro. El autor hace referencia a las recientes investigaciones sobre el cerebro y el desarrollo infantil que apuntan hacia un replanteamiento de “la antigua creencia de que el ser humano es agresivo, materialista, utilitarista e interesado por naturaleza”. A este respecto, sostiene que “la conciencia creciente de que somos una especie esencialmente empática tiene consecuencias trascendentales para la sociedad”.

La comunicación es algo mucho más complejo que un simple intercambio de mensajes. En el caso de un líder, este proceso suele estar orientado hacia la acción, con lo cual debe tener la capacidad de hacerse entender y de entender a los demás para poder guiar de la manera esperada sus acciones. La empatía en comunicación tiene mucho que ver con la habilidad para escuchar, no solo con los oídos, sino con todos los sentidos, y va más allá de la visión común que tenemos de ella en el sentido de que se limita a situarnos en la piel del otro.

EL BIEN COMÚN

Otro de los conceptos fundamentales que propongo en este nuevo enfoque comunicativo está relacionado con la política como proyecto colectivo. “El político es un profesional del bien común”, ha dicho Manuel Vicent . ¿Ha dejado de ser así? Si la respuesta es afirmativa, ¿en qué momento ha ocurrido y por qué?

El concepto del bien común vinculado a la política ha estado presente en la historia fundamentalmente por la tradición filosófica aristotélica. Sin embargo, en la modernidad fue superado por una concepción más individualista. En nuestros días, aquella visión de Aristóteles comienza a adquirir nuevos bríos, renovados, eso sí.

Defiendo la necesidad urgente de darle un nuevo enfoque a la comunicación en el ámbito que nos ocupa, con el objetivo principal de situar al ciudadano en el centro. Esta perspectiva es la que debe impregnar toda acción política, no sólo comunicativa.

Para desarrollar un verdadero enfoque ciudadano en la comunicación política tenemos que superar la tentación de quedarnos en la superficie. Esta limitación es la que se ha venido dando en muchos intentos desde la política por implementar una relación más cercana con la ciudadanía a través de la comunicación. Debemos ir más allá de lo superficial, rasgar lo suficiente para penetrar en las estructuras desde las cuales modificar todo lo que resulte mejorable. Se trata, por tanto, de hurgar en lo que se nos muestra para redimensionar lo exterior desde las propias entrañas del sistema preestablecido.

En un artículo publicado por la Asociación de Comunicación Política (ACOP) en diciembre de 2014, David Redolí, que actualmente la preside, y Juan Manuel Zafra, señalan:

“La sociedad líquida que describe Zygmunt Bauman en sus textos se ha hecho vaporosa, evanescente. Los viejos mapas no sirven para movernos en la sociedad Red que describió Manuel Castell. La inestabilidad genera inseguridad y esta acostumbra a convertirse en miedo y en parálisis por norma general. Hoy priman la inmediatez, el ‘nada a largo plazo’ y la incertidumbre. Un contexto al que la política debe dar respuestas. Y, por supuesto, con la ayuda de la comunicación política”.

Los autores abordan la importancia de una gestión comunicativa protagonizada por personas que orienten sus propuestas a las demandas reales de los ciudadanos.

Es, en definitiva, el momento para que una política humanizada y mucho más empática promueva un diálogo real para hacer frente a la ausencia de comunicación efectiva, impulse la escucha como punto de partida para la acción y vaya más allá de la superficie, de manera que pueda encontrar la realidad que se oculta bajo lo visible y las claves para cambiarla a través, sobre todo, de los valores que nos permitan avanzar hacia una sociedad mejor.

Nota: Recuerda que si te ha gustado este artículo o el blog en general puedes votar por él en los Premios Bitácoras 2015. En este momento está entre los primeros clasificados en la categoría Social Media y Marketing.

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En un trabajo de investigación que realicé hace unos meses percibí que uno de los principales enemigos de la política, y amigo, por tanto, de la desafección, se encuentra en el seno de la propia política y se abona diariamente a través del lenguaje de los políticos.

Es muy probable que muchos de los representantes públicos o quienes aspiran a serlo no sean conscientes del daño que se hacen a sí mismos en la manera de comunicarse con sus posibles votantes. Nos encontramos en un año de elecciones. En pocos días se celebrarán municipales y autonómicas y en unos meses, generales. Los analistas otorgan un papel muy importante al gran porcentaje de indecisos que marcan las encuestas. Si te interesa la Comunicación Política o te dedicas a ella te invito a analizar las siguientes características del lenguaje usado en este ámbito y algunas sugerencias para evitar que como consecuencia de él muchos de quienes aún no tienen decidida la orientación de su voto se queden finalmente sin ir a ejercerlo.

Repasemos a continuación algunas de las características del lenguaje político actual, marcando algún consejo para superarlas y contribuir con ello a conseguir la pretendida reconciliación entre políticos y ciudadanos en general:

  1. Frivolización: si se abordan temas políticos de una forma frívola se estará considerándolos algo insustancial, por lo que hay que evitar esta práctica que tanto daño está haciendo a la política.
  2. Búsqueda de la espectacularidad: la obsesión por transmitir propuestas espectaculares para ocupar diariamente espacio en los informativos o en las portadas de los diarios puede llegar a afectar finalmente a la credibilidad. Habrá que preocuparse más por hacer propuestas verosímiles, maduradas y asumibles, que espectaculares pero volátiles, vacías e irrealizables.
  3. Simplificación del discurso: los mensajes deben estar construidos de forma clara, inteligible, pero eso no significa que se simplifiquen tanto que se vacíen de contenido.
  4. Banalización del mensaje: la política no es algo banal, o al menos no debe serlo, por lo que la dinámica en la que ha entrado no puede dejarla sin sustancia y convertirla en algo trivial. La ciudadanía merece respuestas, hay que dárselas de manera continua y eso no se consigue banalizando el discurso político.
  5. ‘Esloganización’: los medios de comunicación son los encargados de hacer llegar gran parte de los mensajes a la gente. Ofrecer contenidos con titulares fácilmente identificables puede resultar muy útil a la hora de dar cumplimiento a los objetivos de la comunicación política. Asimismo, puede contribuir a la repetición por parte de los simpatizantes o militantes como si de una especie de mantra se tratara. No obstante, el proceso de ‘esloganización’ en el discurso político y el impacto sobre éste de la publicidad, entrañan riesgos como la excesiva simplificación y banalización, antes comentadas.
  6. Ímpetu por presentar contenidos ´viralizables´: hay que gestionar con sentido común el deseo por ofrecer mensajes fácilmente consumibles por los internautas, que inviten a ser compartidos una y otra vez, es decir, que sean, como se conoce en el argot propio de Internet, ‘virales’.
  7. Apresuramiento excesivo: la exposición mediática a la que están sometidos diariamente los principales líderes políticos es muy alta. Por ello, requieren de altísimas dosis de preparación para no cometer errores. Sin embargo, el margen de tiempo del que disponen para ello es cada vez más corto, aunque esto no debe justificar, en ningún caso, la precipitación, que puede tener consecuencias muy graves.
  8. Falta de claridad: antes de realizar una acción de comunicación es preciso preguntarse cuáles son los objetivos de ésta y a qué público está dirigida. Es de suponer que en política la finalidad más habitual será que el mensaje que se quiera transmitir llegue al mayor número posible de personas y que sea comprendido y aceptado. Entonces, ¿por qué esa tentación de los políticos por resultar una y otra vez tan poco claros?
  9. Incoherencia: resulta comprensible que muchos ciudadanos se sientan engañados por políticos en los que habían depositado esperanzas que al final han resultado frustradas. Los partidos deben esforzarse por mantener una relación lógica, consecuente, entre lo que prometen o dicen y lo que finalmente hacen.
  10. Vehemencia desproporcionada: es preciso que el discurso político esté cargado de fuerza y que sea pronunciado con la pasión propia de quien cree firmemente en aquello que dice. No obstante, cuando dicha fuerza se torna en violencia verbal, en irreflexión e impulsividad, nos encontramos de nuevo ante elementos llamados a profundizar la brecha entre representantes y las personas a las que supuestamente representan. La agresividad con la que se expresan muchos políticos, especialmente cuando se refieren a sus adversarios, a los que pueden proferir una retahíla de insultos suavizados eufemísticamente, no permite avanzar hacia la reconciliación con la ciudadanía en general, por la que deberían estar trabajando. Por tanto, hay que evitar ese tono. Se puede ser contundente sin llegar a ser agresivo.
  11. Frases hechas y muletillas: el uso reiterado de comodines lingüísticos puede dar una imagen de falta de riqueza cultural, de ausencia de control por parte del interlocutor sobre el contenido que se está expresando y provocar, en consecuencia, inseguridad en el oyente. En momentos determinados se puede recurrir a ellas para hacer más comprensible el mensaje, eso sí, sin caer en la repetición excesiva, para evitar lo que acabamos de decir.
  12. Connotaciones negativas: ¿cómo es posible que un representante de un partido asuma en su propio discurso que el interés político, los objetivos electorales, los fines partidistas… ‘lo político’, en definitiva, es algo negativo? Deben prestar mucha más atención a la manera en la que se refieren a estos términos y al contexto en el que lo hacen, ya que de lo contrario seguirían haciendo un flaco favor a la actividad a la que se dedican.

Os dejo a continuación algunas consideraciones que podrían resultaros muy útiles para reforzar vuestra marca personal a través de un plan de comunicación específico. Es muy fácil y espero que pueda ayudaros a conseguir vuestros objetivos. Se trata de un programa de trabajo estructurado en 10 sencillos pasos.

Recordad que podéis dejar vuestros comentarios sobre ésta u otras entradas. Me encantará conocer vuestra opinión.