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Cada vez son más las pequeñas y medianas empresas que se aventuran a explorar las posibilidades para el marketing por WhatsApp, la herramienta de mensajería instantánea preferida en España. De este modo, a la sobresaturación en nuestro teléfono de grupos de amigos actuales, de amigos de toda la vida, de padres y madres del cole de los hijos, de los colegas de trabajo, de los compañeros para jugar a fútbol los jueves, etc., etc. se unen ahora las novedades gastronómicas de nuestro restaurante favorito, el recordatorio por parte del veterinario, la oferta especial en la perfumería a la que solemos ir… ¡Uf!

 

Con esta reflexión no quiero decir que no sea útil para un negocio recurrir a este tipo de mensajes para comunicar ofertas y enviar otras informaciones. Probablemente también lo sea para el cliente, pero tiene riesgos que debes medir si te animas a usar el marketing por WhatsApp para tu negocio. Debemos tener en cuenta antes de nada que nuestro teléfono es uno de los elementos de nuestra comunicación personal que más preservamos. La mayoría de nosotros y de nosotras comunica a los demás como localizarnos en LinkedIn, en Facebook, indicamos públicamente cuál es nuestro nombre de usuario o usuaria en Twitter, en Instagram… aunque luego optemos por una mayor o menor exposición pública en estas redes. Sin embargo, damos nuestro número de teléfono móvil de una forma más selectiva y no solemos incorporarlo a nuestros datos de contacto.

 

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Foto de adslzone.net

Los conocidos como teléfonos inteligentes se han convertido de algún modo en una prolongación de nosotros mismos, hasta el punto de que ya lo podemos llevar en nuestra muñeca a modo de reloj gracias a la tecnología ‘wearable’. En la mayoría de las redes sociales practicamos lo que se denomina comunicación asíncrona (también se le llama asincrónica). Se trata de aquella que se establece entre personas de manera diferida en el tiempo, es decir, cuando no existe coincidencia temporal. De hecho, algo asíncrono o asíncrona es, según la Real Academia de la Lengua (RAE), aquello “que no tiene lugar en completa correspondencia temporal con otro proceso o con la causa que lo produce”. Esta es una de las ventajas del WhatsApp frente a la llamada telefónica. En este sentido es la opción preferida en muchas ocasiones para quienes velamos por nuestra serenidad en este mundo hiperconectado. Tú eliges si quieres ver el mensaje y cuándo hacerlo, así como aparecer en línea, es decir, conectado o conectada, o no. No obstante, mal usada por parte de las empresas esta herramienta puede convertirse para el cliente actual o potencial en algo tan desagradable como esa maldita llamada recurrente de la compañía de la luz o telefónica a las cuatro de la tarde.

 

Por todo ello, te sugiero que si optas por este servicio para desarrollar acciones comunicativas en relación con tu negocio tengas en cuenta dos aspectos fundamentales:

  • APLICA EL MARKETING DE PERMISO (PERMISSION MARKETING): este término, acuñado por Seth Godin, adquiere una gran relevancia en la actualidad debido a la saturación publicitaria e informativa a la que estamos expuestos; resulta mucho más ventajoso, en mi opinión, y menos invasivo que el marketing de interrupción, ya que este último lleva a que el mensaje aparezca en cualquier momento y en cualquier situación interrumpiéndote y haciéndote perder tu activo de más valor, es decir, tu tiempo, como indica la consultora Andrea Pallares; esto se resume en algo básico, PÍDELE PERMISO A TU CLIENTE ANTES DE ENVIARLE WHATSAPPS CON OFERTAS.
  • PERSONALIZA LA COMUNICACIÓN: en un momento en el que una de las tendencias en comunicación más destacadas es la hiperpersonalización no seas anacrónico; un mensaje personalizado siempre será más efectivo que uno masivo, por lo que explora fórmulas para lograrlo y adapta la información que envíes a los intereses y preferencias del destinatario o destinaria.

 

Espero que este post te haya resultado interesante. Si es así te animo como siempre a dejar algún comentario, sugerencia o pregunta aquí mismo en el blog o a través de mis perfiles en redes sociales. También puedes hacerlo en la página de Facebook ‘Comunicación y tendencias’.

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Es probable que, aun sin saberlo, estés aplicando técnicas propias del inbound marketing en tus esfuerzos por posicionar correctamente tu negocio en Internet. No obstante, puede que lo estés haciendo sin ton ni son, como se suele decir, y eso podría estar perjudicando a tu empresa.

Señalo a continuación algunos de los errores más frecuentes que se dan en este ámbito, pero antes, veamos a qué nos referimos cuando hablamos de inbound marketing. Se trata de un conjunto de acciones para dar visibilidad y mejorar la reputación online de tu marca, que se sustenta en tres pilares: marketing de contenidos, SEO y social media marketing. En este enlace puedes encontrar una definición más amplia. Atendiendo a estas bases fundamentales, veamos a continuación cuáles son los fallos más frecuentes:

  • Generar contenido irrelevante por el mero hecho de sentir la necesidad de generarlo: antes de publicar algo pregúntate si podría interesar a tus clientes  actuales o potenciales y si aporta valor a tu marca, es decir, si conecta con las características que quieres atribuirle.
  • La obsesión por los me gusta en tu página de Facebook: el social media marketing va mucho, muchísimo más allá de tener una página en esta red social; sin embargo, muchos responsables de pymes piensan que con esto es suficiente y, además, lejos de crear y cuidar a su comunidad se convierten en ‘cazamegustas’; ten en cuenta que, por ejemplo, agregar a personas a Facebook para simplemente enviarles justo después de que te acepten una solicitud para tu ‘fan page’ es una mala práctica que podría dañar la imagen de tu negocio.
  • Posicionamiento en buscadores sin estrategia: en SEO, es decir, en el posicionamiento de tus contenidos web en motores de búsqueda, no solo es importante el hecho de estar entre los primeros, sino también el cómo se está; cuida que tu presencia en buscadores esté alineada de manera correcta con los valores que quieres asociar a tu marca; piensa de qué te serviría, por ejemplo, tener posicionado tu negocio en primer lugar en los resultados de búsqueda de Google si se encuentra relacionado con palabras clave como trabajo basura, fraude a clientes…
  • No conversar: los monólogos, la comunicación unidireccional, tienen poca cabida en el ámbito que nos ocupa; no tengas miedo a conversar y a aplicar la escucha activa para corregir errores, mejorar tu planteamiento empresarial, desarrollar mejores productos y servicios y atender de manera más ágil y efectiva las demandas y sugerencias de tus clientes.
  • Menospreciar la inversión en marketing y comunicación: relegar estos aspectos a la última posición de tu plan de inversión tanto de tiempo como de dinero te puede provocar muchos quebraderos de cabeza; si no sabes cómo afrontar este esfuerzo tan necesario para que realmente sea productivo déjate asesorar.

Espero que estos consejos te sirvan de ayuda en el desarrollo de tu negocio. Te recuerdo que si te ha gustado este post o el blog en general puedes votar por éste en los premios Bitácoras 2015 a los mejores blogs en español. Es muy fácil. Haz clic en ESTE ENLACE. Compite en la categoría Marketing y Social Media.

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En un trabajo de investigación que realicé hace unos meses percibí que uno de los principales enemigos de la política, y amigo, por tanto, de la desafección, se encuentra en el seno de la propia política y se abona diariamente a través del lenguaje de los políticos.

Es muy probable que muchos de los representantes públicos o quienes aspiran a serlo no sean conscientes del daño que se hacen a sí mismos en la manera de comunicarse con sus posibles votantes. Nos encontramos en un año de elecciones. En pocos días se celebrarán municipales y autonómicas y en unos meses, generales. Los analistas otorgan un papel muy importante al gran porcentaje de indecisos que marcan las encuestas. Si te interesa la Comunicación Política o te dedicas a ella te invito a analizar las siguientes características del lenguaje usado en este ámbito y algunas sugerencias para evitar que como consecuencia de él muchos de quienes aún no tienen decidida la orientación de su voto se queden finalmente sin ir a ejercerlo.

Repasemos a continuación algunas de las características del lenguaje político actual, marcando algún consejo para superarlas y contribuir con ello a conseguir la pretendida reconciliación entre políticos y ciudadanos en general:

  1. Frivolización: si se abordan temas políticos de una forma frívola se estará considerándolos algo insustancial, por lo que hay que evitar esta práctica que tanto daño está haciendo a la política.
  2. Búsqueda de la espectacularidad: la obsesión por transmitir propuestas espectaculares para ocupar diariamente espacio en los informativos o en las portadas de los diarios puede llegar a afectar finalmente a la credibilidad. Habrá que preocuparse más por hacer propuestas verosímiles, maduradas y asumibles, que espectaculares pero volátiles, vacías e irrealizables.
  3. Simplificación del discurso: los mensajes deben estar construidos de forma clara, inteligible, pero eso no significa que se simplifiquen tanto que se vacíen de contenido.
  4. Banalización del mensaje: la política no es algo banal, o al menos no debe serlo, por lo que la dinámica en la que ha entrado no puede dejarla sin sustancia y convertirla en algo trivial. La ciudadanía merece respuestas, hay que dárselas de manera continua y eso no se consigue banalizando el discurso político.
  5. ‘Esloganización’: los medios de comunicación son los encargados de hacer llegar gran parte de los mensajes a la gente. Ofrecer contenidos con titulares fácilmente identificables puede resultar muy útil a la hora de dar cumplimiento a los objetivos de la comunicación política. Asimismo, puede contribuir a la repetición por parte de los simpatizantes o militantes como si de una especie de mantra se tratara. No obstante, el proceso de ‘esloganización’ en el discurso político y el impacto sobre éste de la publicidad, entrañan riesgos como la excesiva simplificación y banalización, antes comentadas.
  6. Ímpetu por presentar contenidos ´viralizables´: hay que gestionar con sentido común el deseo por ofrecer mensajes fácilmente consumibles por los internautas, que inviten a ser compartidos una y otra vez, es decir, que sean, como se conoce en el argot propio de Internet, ‘virales’.
  7. Apresuramiento excesivo: la exposición mediática a la que están sometidos diariamente los principales líderes políticos es muy alta. Por ello, requieren de altísimas dosis de preparación para no cometer errores. Sin embargo, el margen de tiempo del que disponen para ello es cada vez más corto, aunque esto no debe justificar, en ningún caso, la precipitación, que puede tener consecuencias muy graves.
  8. Falta de claridad: antes de realizar una acción de comunicación es preciso preguntarse cuáles son los objetivos de ésta y a qué público está dirigida. Es de suponer que en política la finalidad más habitual será que el mensaje que se quiera transmitir llegue al mayor número posible de personas y que sea comprendido y aceptado. Entonces, ¿por qué esa tentación de los políticos por resultar una y otra vez tan poco claros?
  9. Incoherencia: resulta comprensible que muchos ciudadanos se sientan engañados por políticos en los que habían depositado esperanzas que al final han resultado frustradas. Los partidos deben esforzarse por mantener una relación lógica, consecuente, entre lo que prometen o dicen y lo que finalmente hacen.
  10. Vehemencia desproporcionada: es preciso que el discurso político esté cargado de fuerza y que sea pronunciado con la pasión propia de quien cree firmemente en aquello que dice. No obstante, cuando dicha fuerza se torna en violencia verbal, en irreflexión e impulsividad, nos encontramos de nuevo ante elementos llamados a profundizar la brecha entre representantes y las personas a las que supuestamente representan. La agresividad con la que se expresan muchos políticos, especialmente cuando se refieren a sus adversarios, a los que pueden proferir una retahíla de insultos suavizados eufemísticamente, no permite avanzar hacia la reconciliación con la ciudadanía en general, por la que deberían estar trabajando. Por tanto, hay que evitar ese tono. Se puede ser contundente sin llegar a ser agresivo.
  11. Frases hechas y muletillas: el uso reiterado de comodines lingüísticos puede dar una imagen de falta de riqueza cultural, de ausencia de control por parte del interlocutor sobre el contenido que se está expresando y provocar, en consecuencia, inseguridad en el oyente. En momentos determinados se puede recurrir a ellas para hacer más comprensible el mensaje, eso sí, sin caer en la repetición excesiva, para evitar lo que acabamos de decir.
  12. Connotaciones negativas: ¿cómo es posible que un representante de un partido asuma en su propio discurso que el interés político, los objetivos electorales, los fines partidistas… ‘lo político’, en definitiva, es algo negativo? Deben prestar mucha más atención a la manera en la que se refieren a estos términos y al contexto en el que lo hacen, ya que de lo contrario seguirían haciendo un flaco favor a la actividad a la que se dedican.

He de reconocer que la irrupción del que con toda seguridad se convertirá en breve en presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha sido de traca. No seré yo quien le dé lecciones de cómo debería haber tratado de posicionarse, pero desde el punto de vista de la Comunicación Política ha cometido tantos errores juntos que no deja de resultarme llamativo. Ya avanzaba algunos Martu Garrote en su blog.

Para quienes hemos seguido de cerca la política andaluza y nacional y algunos movimientos del propio Moreno no nos resultó extraño que el “dedo divino”, en palabras no mías, sino de la mismísima Esperanza Aguirre, señalara al joven malagueño como sucesor de Juan Ignacio Zoido. No obstante, he de reconocer que la torpeza que ha demostrado en estos pasos iniciales me han llegado a sorprender.

En primer lugar, Moreno protagoniza un insólito juego de inflar y desinflar su currículum. ¿De verdad no se había percatado antes de la importancia de tener al día sus perfiles públicos con sus verdaderos estudios y méritos profesionales? En serio, no doy crédito. Sin embargo, lejos de zanjar pronto esta polémica que contribuiría a posicionarlo de partida con aspectos muy negativos, se mete de lleno en ella y responde a las críticas por su escasa experiencia laboral con esta frase: “En tiempos mozos trabajé en una pizzería, en un bar y como comercial unos meses”. Todo este asunto ha sido tan comentado que su perfil en Wikipedia ya incorpora un apartado titulado ‘Polémica sobre su currículum vitae’.

La lista de errores comunicativos es sorprendentemente extensa para corresponderse con un período de tiempo tan breve desde que apareció en escena desbancando a José Luis Sanz. Cito otro, que es de manual. Se trata de alguien que ocupa la Secretaría de Estado de Igualdad y que, supuestamente, intentará convencernos de que traerá ‘nuevos aires’ a un partido, el PP andaluz, muy alejado de las necesidades reales y de los intereses de los andaluces y andaluzas. Lo llamativo es que en la escenificación de su candidatura se deja fotografiar con todos los presidentes provinciales de su formación en Andalucía, es decir, todos hombres, como se puede comprobar en esta foto publicada por andalucesdiario.es.

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No satisfecho con todas estas meteduras de pata, en lugar de centrarse en definir una alternativa atractiva para los militantes de su organización y, en general, para todos los andaluces, el aspirante a presidir el PP-A se estrena desde Cortegana (Huelva) pidiendo directamente la dimisión de quien será su principal adversaria política, la presidenta de la Junta, Susana Díaz. ¿No se dio cuenta de que esta actitud demuestra una debilidad realmente inquietante?

En fin, podría seguir con un largo etcétera que daría para un auténtico manual de cómo no hacer las cosas en Comunicación Política, pero, como advertía al principio, no me corresponde a mí, está claro, enmendar las clamorosas equivocaciones de quien pretende liderar el principal partido de la oposición en Andalucía.

(NOTA: post importado desde el blog anterior de la misma autora ‘Enfoque Ciudadano’)

En una ronda de entrevistas Barack Obama ha reconocido que ha cometido errores en relación con el nombramiento de Tom Daschle como secretario de Sanidad. El presidente de Estados Unidos asume su responsabilidad y lo hace con claridad, con contundencia. “Metí la pata”, le dice a Fox News. Lo que debería ser habitual, que una persona en el ejercicio de las funciones de su cargo reconozca cuando las desarrolla de forma equivocada, es tan inusual que en este caso merece ser elevado a la categoría de histórico.

Excelente manera de tratar de cerrar esta polémica, ¿no os parece? Además, humaniza al superhombre y lo acerca, una vez más o más aún, a los ciudadanos.