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El pasado viernes día 28 de abril presenté una ponencia titulada “Storydoing y cocreación en comunicación transmedia”, que ha registrado excelentes comentarios entre asistentes, algo que agradezco enormemente. Por eso, he pensado compartirla en mi blog para quienes podáis tener interés en estos temas pero no hayáis tenido ocasión de escucharla.

La presentación tuvo lugar en Murcia en el VIII Congreso Internacional de Marketing organizado por la comunidad de Marketeros Nocturnos. En un marco así resulta difícil aportar valor, al participar con ponentes de tantísimo nivel y un público repleto de otros especialistas en marketing y comunicación. La respuesta a cómo hacerlo la encontré en un paseo por mi pueblo, Cartaya (Huelva). Al pasar por el colegio en el que estudié EGB, que tiene instalaciones similares a las de muchos otros, con un patio de recreo rodeado de árboles, me quedé mirando uno de estos, que era evocador, memorable para mí. ¿Por qué? Porque yo lo planté cuando tenía unos 6 añitos. En aquella clase, que es la única que recuerdo de aquella época, la maestra podría habernos contado lo importante que son los árboles para nuestro entorno, para el mundo. Sin embargo, quiso que lo viviéramos como una acción plantándolo.

Con esta introducción quise hacer referencia a dos aspectos muy importantes que se están dando de manera relevante en la comunicación actual. Por un lado, la cocreación. Yo cocreé junto a mi profesora algo que ahora es frondoso, que ha crecido. Además, en ese hecho hay un relato orientado a la acción. Ella no nos contó el tema a través de un manual en clase. Quiso que lo experimentáramos mediante la acción y eso conecta con el storydoing.

Cocreación y storydoing fueron, por tanto, los temas elegidos para mi exposición en el Congreso de Marketeros Nocturnos. Considero que estas tendencias están marcando la manera de comunicar de las empresas más punteras, más innovadoras, aquellas que piensan y actúan de forma diferente. Además se pueden aplicar a cualquiera de las marcas y negocios, independientemente de su tamaño, no es necesario ser Red Bull, Starbucks, Apple o Adidas. Solo es necesario abrir la mente, querer innovar, afrontar la realidad de forma distinta. Todo esto se desarrolla en un nuevo contexto, determinado por lo que se conoce como comunicación transmedia.

Comunicación Transmedia

Antes de profundizar en los conceptos apuntados anteriormente es muy importante analizar en qué momento nos encontramos. Estamos en una situación de supersaturación en comunicación. Solo el año pasado se presentaron solicitudes para casi 51.000 nuevas marcas y en torno a 7.000 nuevos nombres comerciales en la Oficina de Patentes y Marcas de España. Eso significa que hay muchísimas nuevas empresas o nuevos productos tratando de encontrar un hueco en la mente del consumidor. Además, cada día, lo escribía recientemente Rayko Lorenzo en su blog, cada uno de nosotros está expuesto a unos 3.000 impactos publicitarios, de los que solo nos quedamos con un 12 por ciento.

Nos encontramos también en un momento en el que no solo vivimos en una economía en transformación, sino de la transformación. Ejemplo de lo primero es que el mismo año que se vendió Instagram con 13 empleados fijos y millones de usuarios, en España se destruían 250.000 puestos de trabajo a tiempo completo, según publicaba hace poco tiempo El País.

Estamos viviendo a un ritmo vertiginoso una transformación profunda, entre otras cosas, de los modelos de negocio, pero además, nos enfrentamos a una economía, a mí me gusta llamarla así, de la transformación. Empiezan a adquirir mucha importancia empresas que no nacen simplemente con un objetivo orientado a conseguir beneficios en el sentido más lucrativo del término, sino que, además, tienen como valor el tener un impacto social positivo y responder a una necesidad de la sociedad.

Por otra parte, estamos inmersos en la cultura de la imagen, sobre todo los más jóvenes. Hablamos mucho de los millennials, pero la Generación Z, que es la que nació en torno al año 2000, está a punto de incorporarse al mercado general de consumo. El 70 por ciento de esos jóvenes ve unas dos horas de vídeos en Youtube al día (fuente: estudio de tendencias en Social Media de ICEMD). Además, están enganchados a plataformas de contenidos eminentemente visuales como Snapchat e Instagram.

Al mismo tiempo que existe esa súper saturación de información, de publicidad, de comunicación… hay un rechazo de los usuarios a la publicidad. Se calcula que hay unos 200 millones de usuarios en el mundo que tienen instalados ad-blockers, que no quieren recibir publicidad en sus dispositivos electrónicos mientras navegan. La pregunta que surge en consecuencia es: ¿Cómo pueden enfrentarse las marcas a esta realidad?

Asimismo, vivimos en una sociedad altamente tecnologizada y que consume en movilidad, que quiere acceder a contenidos según conveniencia, donde sea. Esa tecnología está orientada a una ultrarrealidad. Queremos darle más sentido, más significado a la realidad que percibimos. Se habla incluso de transhumanismo, de dar a las personas a través de avances tecnológicos capacidades que ahora mismo no tenemos.

Del mismo modo, en relación con la información disponible y el consecuente desarrollo de productos a partir de esta, avanzamos hacia la era de la hiperpersonalización. La aplicación de los conocimientos en torno a Big Data contribuirá a que las empresas tengan cada vez más claro qué piensa un consumidor o consumidora, qué necesita, qué demanda, cuál ha sido su trayectoria de consumo… y eso va a permitir hiperpersonalizar la oferta destinada a él o ella.

Finalmente, en relación con el contexto, hay un aspecto que considero fundamental. Se ha producido una democratización de la comunicación. Antes las marcas comunicaban de manera unidireccional a la audiencia, pero incluso este término ha quedado ya obsoleto, porque ya no somos únicamente observadores pasivos. Los roles de quienes producen contenidos y quienes los consumen, se van intercambiando continuamente. De ahí el término prosumer o prosumidor.

Contexto Actual Comunicación

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Cuando empiezo a escribir estas líneas me siento conmocionada, como millones de personas en el mundo, por los atentados en París de este viernes 13 de noviembre. No obstante, me gustaría mantener al menos por un instante la frialdad necesaria para hacer una reflexión como periodista. Es cierto que los acontecimientos históricos hay que analizarlos con cierta perspectiva para llegar a entender su dimensión. Sin embargo, creo que en este caso no es difícil percibir que algo ha cambiado irremediablemente en nuestro mundo.

Observo que una tragedia de la relevancia de la que se ha producido en la capital francesa ha sido una prueba también para la profesión periodística. Leo muchísimos comentarios en las redes sociales sobre la ausencia de información instantánea en televisiones de España sobre lo que estaba sucediendo. Muchos, entonces, tal como reconocen, volcaron su deseo de saber en Internet. Y ahí, la inmediatez, la viralidad, etc., convirtieron datos oficiosos en oficiales antes de que lo fueran, fotos de acontecimientos antiguos como si se correspondieran con estos ataques, llevaron a la interpretación errónea de gestos como el apagado de la Torre Eiffel…

Considero que anoche de algún modo las redes sociales ganaron en capacidad informativa a los medios de comunicación tradicionales. Me sorprendió especialmente, por ejemplo, cuanto tardó el diario Le Monde en actualizar su portada digital. En medio del desconcierto y de la búsqueda necesaria de respuestas muchos usuarios de Internet buscaban tuiteros de referencia a través de los cuales seguir las noticias de lo que ocurría en París. Discernir en esta situación entre lo que se corresponde con información contrastada, es decir, con periodismo de calidad, y lo que no, se convierte en una tarea muy complicada.

Por otro lado, los medios de comunicación se han afanado en encontrar el adjetivo más apropiado para tratar de describir la brutalidad de estos terribles sucesos: masacre, horror, carnicería… Todos parecen lejos de representar la barbaridad de estos atentados y en la era de la comunicación visual por excelencia las imágenes terminan significando más que mil palabras. He aquí otra de las principales reflexiones que quiero compartir con mis lectores y lectoras y me encantaría conocer vuestra opinión al respecto.

Antes de la eclosión de los medios sociales de Internet, cuyo ritmo informativo vertiginoso repercute sobre los medios de comunicación tradicionales, se debatía a menudo sobre la pertinencia o no de mostrar imágenes sangrientas de guerras, por ejemplo. En todo caso, las fotografías de los admirados profesionales que cubrían los conflictos bélicos pasaban determinados filtros. Ahora esos filtros se han difuminado y el acceso a vídeos con contenidos terribles sobre lo sucedido es casi instantáneo. Cualquier ciudadano puede transmitir en ‘streaming’ y los medios en muchas ocasiones acaban haciéndose eco.

Hace un momento he visto el vídeo grabado por un periodista de Le Monde durante el ataque a la sala de fiestas en París y me pregunto, ¿es necesario? Una parte de mí prima la información, también visual, y la necesidad de enfrentarnos al horror para tratar de captar su dimensión y, de algún modo, preparar nuestra respuesta como sociedad a partir del sufrimiento. Hay otra parte que se sigue haciendo esa pregunta sobre la conveniencia o no de compartir contenidos como ese.

Cuando logremos salir del estado de shock al que nos ha conducido esta barbarie creo que toda la profesión periodística debería reflexionar sobre todos los cambios que se han producido a partir del desarrollo de los social media y si está respondiendo adecuadamente a esta nueva realidad.

Os animo a comentar y a trasladarme vuestra opinión en relación con este tema. Y, por supuesto, como he venido haciendo en mis perfiles de Facebook y Twitter, transmito una vez más mi máximo cariño y solidaridad con toda Francia en estos duros momentos.

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La netnografía focaliza en Internet el estudio descriptivo sobre manifestaciones culturales, hábitos, preferencias de consumo… propio de la etnografía. El panel netnográfico se utiliza en coolhunting para monitorizar páginas de referencia, comunidades, blogs, etc. en la Red, con el objetivo de detectar indicios de cambio que puedan dar lugar a una nueva tendencia.

Una herramienta de este tipo básica puede incluir un escritorio virtual como Netvibes, un lector de RSS como Feedly, el seguimiento de medios de comunicación especializados a través de Googe Alerts, así como un agregador de blogs, por ejemplo, bitacoras.com y redes sociales visuales y con contenidos claramente agrupados por temas como Pinterest. Igualmente, es posible usar una aplicación que sirve como bloc de notas digital del tipo Evernote.

Si deseas más información puedes hacer clic aquí.

Imagen de un escritorio de Netvibes

Es cierto que en los últimos tiempos, debido, sobre todo, a la eclosión de los Social Media, el marketing en Internet se está redefiniendo para lograr mayores niveles de efectividad en entornos realmente complejos.

La situación de los medios clásicos (Televisión, Internet, radio) por la competencia cada vez mayor de los digitales y por la crisis económica ha provocado un descenso paulatino de la inversión publicitaria en ellos.

En mi opinión, el marketing viral, que ha predominado las primeras fases del desarrollo de las redes sociales y otros espacios colaborativos en internet, va dando paso a tendencias que inciden más en la ‘targetización’, es decir, en la segmentación por públicos objetivo. No obstante, su desarrollo sigue siendo muy importante.

El Word-of-Mouth Marketing, por ejemplo, basado en el “boca a oreja” aplicado a estos nuevos espacios, nos invita a consumir un determinado producto o servicio, o a realizar una acción emulando lo que alguien, con quien compartimos en la Red y por quien, de alguna manera, nos podemos dejar orientar, ya está haciendo y recomendando.

Las acciones virales siguien siendo el eje de muchas de las estrategias publicitarias y comunicativas en la Red. En todo caso, siempre tienen un comienzo, de cuyo acierto depende en gran medida el éxito posterior. Todo ello no es ajeno a que los medios sociales en los que muchísimas personas nos encontramos actualmente ‘enredados’ demuestran, cada día en mayor medida, su enorme potencial comunicativo y de amplificación de mensajes.

El siguiente vídeo, que he conocido vía José Manuel Talero, de la European Association of Political Consultants (EAPC), refleja de algún modo esto que os comento. Os invito a verlo. Creo que merece la pena y demuestra, como dice Macaco en esa excelente canción de ‘Moving’ que “una gota junto a otra hace oleaje…”.

(NOTA: post importado desde el blog anterior de la misma autora ‘Enfoque Ciudadano’)

El PSOE ha presentado hoy un Manifiesto con motivo del Día Mundial de Internet. Creo que es muy completo y recoge algunos de los principales compromisos que reclamamos desde Enfoque Ciudadano. Por ello, nos acabamos de sumar. ¿Y tú? ¿Ya lo has hecho?

manifiestointernet

(NOTA: post importado desde el blog anterior de la misma autora ‘Enfoque Ciudadano’)