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Recientemente tuve la oportunidad, inmensamente enriquecedora para mí, de compartir una ponencia en el encuentro que celebró el San Francisco International Women Entrepreneurs Forum en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. La titulé “Comunicar para liderar”. Os dejo el vídeo. Espero que os guste. Me encantaría recibir vuestro feedback.

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A modo de continuación de la entrada anterior, en la que recogía la primera parte de mi ponencia en el VIII Congreso Internacional de Marketing de Marketeros Nocturnos, celebrado en Murcia, me centro ahora en comunicación transmedia. Este es el más reciente paso en la evolución que se ha registrado después de pasar de una comunicación lineal, vertical, unidireccional, a una más horizontal e interactiva, a partir, sobre todo, del desarrollo de la web 2.0.

Congreso Marketeros Nocturnos Murcia

Un momento de mi intervención en el VIII Congreso Internacional de Marketeros Nocturnos en Murcia.

En comunicación transmedia los relatos son narrados de forma expandida por múltiples canales y plataformas y se van enriqueciendo al ser compartidos en redes. No consiste solo en replicar, sino en diseminar la historia de manera que cada medio le aporte elementos diferentes.

Esto da lugar a nuevos formatos y nuevas formas de creación y distribución. Es, por tanto, muy relevante el aporte significativo que se produce por la interacción de los públicos. De este modo, las marcas, no solo garantizan un mayor engagement por parte de los destinatarios iniciales de la acción comunicativa, sino que estos se llegan a convertir en auténticos evangelizadores del producto o servicio. Digo iniciales al referirme a quienes va destinada la comunicación, porque, como comenté en la entrada anterior, en la que analizaba el contexto actual, se ha producido una democratización en este ámbito que hace que los roles de productores y emisores de contenidos se intercambien continuamente.

En el apartado televisivo, la comunicación transmedia representa un cambio en la manera en la que nos debemos enfrentar a las audiencias, que eran medibles de un modo determinado en la emisión tradicional por un solo canal. El impacto ahora se expande por otras plataformas y es preciso tenerlo en cuenta.

En la producción de contenidos hay que dar a los públicos el poder de compartir, sobre todo, porque en esta nueva era, las personas con las que se pretende comunicar están en el centro, son realmente protagonistas del proceso. Además, el consumo se ha vuelto eminentemente nómada, en movilidad, de manera que es preciso garantizar el acceso desde múltiples canales y plataformas para que el producto les llegue cuando quieran, donde quieran y como quieran.

Os dejo un breve vídeo del profesor Carlos Obando, director del Máster de Producción Transmedia de la Universidad Autónoma de Barcelona, en el que explica, en mi opinión de forma muy clara, en qué consiste esta forma de comunicación y cuáles son sus principales características.

Esta es la segunda parte de las cinco en las que he dividido mi ponencia “Storydoing y cocreación en comunicación transmedia”. En la primera hablé del contexto comunicativo actual y en la siguiente analizaré una de las principales tendencias que se dan en este.

El pasado viernes día 28 de abril presenté una ponencia titulada “Storydoing y cocreación en comunicación transmedia”, que ha registrado excelentes comentarios entre asistentes, algo que agradezco enormemente. Por eso, he pensado compartirla en mi blog para quienes podáis tener interés en estos temas pero no hayáis tenido ocasión de escucharla.

La presentación tuvo lugar en Murcia en el VIII Congreso Internacional de Marketing organizado por la comunidad de Marketeros Nocturnos. En un marco así resulta difícil aportar valor, al participar con ponentes de tantísimo nivel y un público repleto de otros especialistas en marketing y comunicación. La respuesta a cómo hacerlo la encontré en un paseo por mi pueblo, Cartaya (Huelva). Al pasar por el colegio en el que estudié EGB, que tiene instalaciones similares a las de muchos otros, con un patio de recreo rodeado de árboles, me quedé mirando uno de estos, que era evocador, memorable para mí. ¿Por qué? Porque yo lo planté cuando tenía unos 6 añitos. En aquella clase, que es la única que recuerdo de aquella época, la maestra podría habernos contado lo importante que son los árboles para nuestro entorno, para el mundo. Sin embargo, quiso que lo viviéramos como una acción plantándolo.

Con esta introducción quise hacer referencia a dos aspectos muy importantes que se están dando de manera relevante en la comunicación actual. Por un lado, la cocreación. Yo cocreé junto a mi profesora algo que ahora es frondoso, que ha crecido. Además, en ese hecho hay un relato orientado a la acción. Ella no nos contó el tema a través de un manual en clase. Quiso que lo experimentáramos mediante la acción y eso conecta con el storydoing.

Cocreación y storydoing fueron, por tanto, los temas elegidos para mi exposición en el Congreso de Marketeros Nocturnos. Considero que estas tendencias están marcando la manera de comunicar de las empresas más punteras, más innovadoras, aquellas que piensan y actúan de forma diferente. Además se pueden aplicar a cualquiera de las marcas y negocios, independientemente de su tamaño, no es necesario ser Red Bull, Starbucks, Apple o Adidas. Solo es necesario abrir la mente, querer innovar, afrontar la realidad de forma distinta. Todo esto se desarrolla en un nuevo contexto, determinado por lo que se conoce como comunicación transmedia.

Comunicación Transmedia

Antes de profundizar en los conceptos apuntados anteriormente es muy importante analizar en qué momento nos encontramos. Estamos en una situación de supersaturación en comunicación. Solo el año pasado se presentaron solicitudes para casi 51.000 nuevas marcas y en torno a 7.000 nuevos nombres comerciales en la Oficina de Patentes y Marcas de España. Eso significa que hay muchísimas nuevas empresas o nuevos productos tratando de encontrar un hueco en la mente del consumidor. Además, cada día, lo escribía recientemente Rayko Lorenzo en su blog, cada uno de nosotros está expuesto a unos 3.000 impactos publicitarios, de los que solo nos quedamos con un 12 por ciento.

Nos encontramos también en un momento en el que no solo vivimos en una economía en transformación, sino de la transformación. Ejemplo de lo primero es que el mismo año que se vendió Instagram con 13 empleados fijos y millones de usuarios, en España se destruían 250.000 puestos de trabajo a tiempo completo, según publicaba hace poco tiempo El País.

Estamos viviendo a un ritmo vertiginoso una transformación profunda, entre otras cosas, de los modelos de negocio, pero además, nos enfrentamos a una economía, a mí me gusta llamarla así, de la transformación. Empiezan a adquirir mucha importancia empresas que no nacen simplemente con un objetivo orientado a conseguir beneficios en el sentido más lucrativo del término, sino que, además, tienen como valor el tener un impacto social positivo y responder a una necesidad de la sociedad.

Por otra parte, estamos inmersos en la cultura de la imagen, sobre todo los más jóvenes. Hablamos mucho de los millennials, pero la Generación Z, que es la que nació en torno al año 2000, está a punto de incorporarse al mercado general de consumo. El 70 por ciento de esos jóvenes ve unas dos horas de vídeos en Youtube al día (fuente: estudio de tendencias en Social Media de ICEMD). Además, están enganchados a plataformas de contenidos eminentemente visuales como Snapchat e Instagram.

Al mismo tiempo que existe esa súper saturación de información, de publicidad, de comunicación… hay un rechazo de los usuarios a la publicidad. Se calcula que hay unos 200 millones de usuarios en el mundo que tienen instalados ad-blockers, que no quieren recibir publicidad en sus dispositivos electrónicos mientras navegan. La pregunta que surge en consecuencia es: ¿Cómo pueden enfrentarse las marcas a esta realidad?

Asimismo, vivimos en una sociedad altamente tecnologizada y que consume en movilidad, que quiere acceder a contenidos según conveniencia, donde sea. Esa tecnología está orientada a una ultrarrealidad. Queremos darle más sentido, más significado a la realidad que percibimos. Se habla incluso de transhumanismo, de dar a las personas a través de avances tecnológicos capacidades que ahora mismo no tenemos.

Del mismo modo, en relación con la información disponible y el consecuente desarrollo de productos a partir de esta, avanzamos hacia la era de la hiperpersonalización. La aplicación de los conocimientos en torno a Big Data contribuirá a que las empresas tengan cada vez más claro qué piensa un consumidor o consumidora, qué necesita, qué demanda, cuál ha sido su trayectoria de consumo… y eso va a permitir hiperpersonalizar la oferta destinada a él o ella.

Finalmente, en relación con el contexto, hay un aspecto que considero fundamental. Se ha producido una democratización de la comunicación. Antes las marcas comunicaban de manera unidireccional a la audiencia, pero incluso este término ha quedado ya obsoleto, porque ya no somos únicamente observadores pasivos. Los roles de quienes producen contenidos y quienes los consumen, se van intercambiando continuamente. De ahí el término prosumer o prosumidor.

Contexto Actual Comunicación

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En los últimos tiempos vemos con frecuencia espacios en los medios de comunicación digitales que destacan lo más visto en su web. Eso provoca un efecto de atracción. Podemos pensar que si algún contenido es el que más éxito tiene podría resultarnos también interesante. Asimismo, es muy común encontrar noticias sobre actualizaciones de estado en Facebook que han conseguido no sé cuántos ‘me gusta’ en poquísimo tiempo o un tuit que logró muchísimos retuits rápidamente. Soy licenciada en Periodismo y llevo años estudiando el impacto de los avances relacionados con Internet sobre la comunicación, pero he de reconocer que aún me sorprende que algunos de estos temas lleguen a ser noticia de portada en medios que he considerado de referencia gran parte de mi vida.

 

A la vez que esto ocurre proliferan portales digitales dedicados a ofrecernos aquello que en ese momento es lo que más circula por la Red. Por supuesto, el sueño de cualquier tuitero o de cualquier persona que se dedica a cuidar diariamente su ‘Fan Page’ de Facebook es conseguir llegar al mayor número de personas en el menor tiempo posible, que la gente comparta su mensaje o que se retuitee sin parar.

 

Hace poco un colega empresario me preguntó que si yo tuviera que hacer un vídeo para llegar a miles de personas con el menor presupuesto posible cómo lo haría. Le contesté que probablemente estuviera equivocado en su enfoque, porque cabía la posibilidad de que entre esas miles de personas no hubiera ninguna del target o público objetivo al que realmente pretendía dirigirse.

 

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Imagen de uno de los vídeos más virales de Youtube, titulado ‘Dramatic Chipmunk’.

 

Por otro lado, habrá quien sueñe con ese instante de gloria en el que los informativos se hagan eco de su vídeo con miles de visualizaciones. A veces este material audiovisual enviado por ciudadanos anónimos permite al periodista llegar allí donde no le ha sido posible e ilustrar sus informaciones a través de la mirada de quien lo presenció en primera persona. No obstante, ¿hay algún límite ético que nos haga soltar el móvil ante una escena que podría convertirse en un espectáculo de masas? Pensé en esto al ver hace unos días ilustrar una noticia en televisión con un vídeo realizado con el móvil por una persona que observaba cómo un perrito, abandonado supuestamente por sus dueños durante horas al sol, se caía desde el balcón de la vivienda, después de un largo rato colgado de la reja hasta la que había trepado. No es nuevo, pero se retomó como material documental para contextualizar una información. Si no lo habéis visto, prefiero ahorrar a mis queridos lectores y lectoras ser testigos del sufrimiento de la caída de ese pobre animal. Si he aguantado estoicamente todo el visionado, pese a mi hipersensibilidad en temas como el maltrato animal y el sufrimiento de seres maravillosos como son los perros, es porque tenía interés por ver qué hizo quien lo grababa para ayudarlo, si es que actuó en este sentido. Hay muchos ejemplos similares en Internet.

 

Compartir sin leer

Está claro que lo viral está de moda y que, como he dicho en muchas ocasiones, hemos pasado de la máxima de “la información es poder” a otra: “el poder está en compartir”. Un reciente estudio citado por la revista Forbes indica que casi el 60 por ciento de las personas comparten contenidos en Internet que ni siquiera han leído. Es decir, estas personas interactúan dándole a ‘share’ pero no se detienen a comprobar si realmente les interesa la información más allá del titular. Esto ocurre hasta tal punto que, según señala Forbes en el artículo que enlazo, la web IFLScience.com llevó a cabo un experimento recientemente que consistió en la publicación de un artículo titulado La NASA ha confirmado que la marihuana contiene ADN de Alien, que había sido compartido hasta ese momento 141.000 veces. La supuesta noticia no hablaba de marihuana ni de ADN de alien, simplemente era “una forma de comprobar cuán popular podía hacerse un titular sin ningún sentido y sin contenido”.

 

En una charla reciente con unas amigas periodistas todas coincidíamos en el peligro que esta práctica de compartir sin leer encierra, ya que un mensaje no contrastado o publicado con apariencia seria por cualquiera en cualquier lugar de Internet puede llegar en poco tiempo a miles de personas que quizá le den credibilidad. Consideramos imprescindible desarrollar en los jóvenes una mayor capacidad crítica y formarlos en comunicación para que sepan distinguir aquellas noticias que de verdad lo son de las que no deberían merecer su atención como tales.