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En un trabajo de investigación que realicé hace unos meses percibí que uno de los principales enemigos de la política, y amigo, por tanto, de la desafección, se encuentra en el seno de la propia política y se abona diariamente a través del lenguaje de los políticos.

Es muy probable que muchos de los representantes públicos o quienes aspiran a serlo no sean conscientes del daño que se hacen a sí mismos en la manera de comunicarse con sus posibles votantes. Nos encontramos en un año de elecciones. En pocos días se celebrarán municipales y autonómicas y en unos meses, generales. Los analistas otorgan un papel muy importante al gran porcentaje de indecisos que marcan las encuestas. Si te interesa la Comunicación Política o te dedicas a ella te invito a analizar las siguientes características del lenguaje usado en este ámbito y algunas sugerencias para evitar que como consecuencia de él muchos de quienes aún no tienen decidida la orientación de su voto se queden finalmente sin ir a ejercerlo.

Repasemos a continuación algunas de las características del lenguaje político actual, marcando algún consejo para superarlas y contribuir con ello a conseguir la pretendida reconciliación entre políticos y ciudadanos en general:

  1. Frivolización: si se abordan temas políticos de una forma frívola se estará considerándolos algo insustancial, por lo que hay que evitar esta práctica que tanto daño está haciendo a la política.
  2. Búsqueda de la espectacularidad: la obsesión por transmitir propuestas espectaculares para ocupar diariamente espacio en los informativos o en las portadas de los diarios puede llegar a afectar finalmente a la credibilidad. Habrá que preocuparse más por hacer propuestas verosímiles, maduradas y asumibles, que espectaculares pero volátiles, vacías e irrealizables.
  3. Simplificación del discurso: los mensajes deben estar construidos de forma clara, inteligible, pero eso no significa que se simplifiquen tanto que se vacíen de contenido.
  4. Banalización del mensaje: la política no es algo banal, o al menos no debe serlo, por lo que la dinámica en la que ha entrado no puede dejarla sin sustancia y convertirla en algo trivial. La ciudadanía merece respuestas, hay que dárselas de manera continua y eso no se consigue banalizando el discurso político.
  5. ‘Esloganización’: los medios de comunicación son los encargados de hacer llegar gran parte de los mensajes a la gente. Ofrecer contenidos con titulares fácilmente identificables puede resultar muy útil a la hora de dar cumplimiento a los objetivos de la comunicación política. Asimismo, puede contribuir a la repetición por parte de los simpatizantes o militantes como si de una especie de mantra se tratara. No obstante, el proceso de ‘esloganización’ en el discurso político y el impacto sobre éste de la publicidad, entrañan riesgos como la excesiva simplificación y banalización, antes comentadas.
  6. Ímpetu por presentar contenidos ´viralizables´: hay que gestionar con sentido común el deseo por ofrecer mensajes fácilmente consumibles por los internautas, que inviten a ser compartidos una y otra vez, es decir, que sean, como se conoce en el argot propio de Internet, ‘virales’.
  7. Apresuramiento excesivo: la exposición mediática a la que están sometidos diariamente los principales líderes políticos es muy alta. Por ello, requieren de altísimas dosis de preparación para no cometer errores. Sin embargo, el margen de tiempo del que disponen para ello es cada vez más corto, aunque esto no debe justificar, en ningún caso, la precipitación, que puede tener consecuencias muy graves.
  8. Falta de claridad: antes de realizar una acción de comunicación es preciso preguntarse cuáles son los objetivos de ésta y a qué público está dirigida. Es de suponer que en política la finalidad más habitual será que el mensaje que se quiera transmitir llegue al mayor número posible de personas y que sea comprendido y aceptado. Entonces, ¿por qué esa tentación de los políticos por resultar una y otra vez tan poco claros?
  9. Incoherencia: resulta comprensible que muchos ciudadanos se sientan engañados por políticos en los que habían depositado esperanzas que al final han resultado frustradas. Los partidos deben esforzarse por mantener una relación lógica, consecuente, entre lo que prometen o dicen y lo que finalmente hacen.
  10. Vehemencia desproporcionada: es preciso que el discurso político esté cargado de fuerza y que sea pronunciado con la pasión propia de quien cree firmemente en aquello que dice. No obstante, cuando dicha fuerza se torna en violencia verbal, en irreflexión e impulsividad, nos encontramos de nuevo ante elementos llamados a profundizar la brecha entre representantes y las personas a las que supuestamente representan. La agresividad con la que se expresan muchos políticos, especialmente cuando se refieren a sus adversarios, a los que pueden proferir una retahíla de insultos suavizados eufemísticamente, no permite avanzar hacia la reconciliación con la ciudadanía en general, por la que deberían estar trabajando. Por tanto, hay que evitar ese tono. Se puede ser contundente sin llegar a ser agresivo.
  11. Frases hechas y muletillas: el uso reiterado de comodines lingüísticos puede dar una imagen de falta de riqueza cultural, de ausencia de control por parte del interlocutor sobre el contenido que se está expresando y provocar, en consecuencia, inseguridad en el oyente. En momentos determinados se puede recurrir a ellas para hacer más comprensible el mensaje, eso sí, sin caer en la repetición excesiva, para evitar lo que acabamos de decir.
  12. Connotaciones negativas: ¿cómo es posible que un representante de un partido asuma en su propio discurso que el interés político, los objetivos electorales, los fines partidistas… ‘lo político’, en definitiva, es algo negativo? Deben prestar mucha más atención a la manera en la que se refieren a estos términos y al contexto en el que lo hacen, ya que de lo contrario seguirían haciendo un flaco favor a la actividad a la que se dedican.

Con motivo de la proximidad de las elecciones municipales en España, cuya celebración está prevista para mayo de 2015, he considerado oportuno compartir esta presentación. Si eres candidato o candidata o formas parte de una candidatura, este curso básico de iniciación titulado “La Comunicación Política en el ámbito local”, realizado por la autora de este blog, podría resultarte de interés.

Con esta herramienta que pongo a tu disposición podrás, entre otras cosas, conocer claves para el diseño de vuestra estrategia, dar respuestas adecuadas a los desafíos que plantea la creciente brecha entre ciudadanía y política, y gestionar de un modo eficaz la comunicación para alcanzar los objetivos electorales que te hayas marcado.