Tener talento no basta para abrir oportunidades profesionales. Es preciso saber proyectarlo.
Cuando hablo de comunicación, de la importancia de trabajarla, hay quien inmediatamente piensa: «Eso no va conmigo». Lo asocia seguramente solo con hablar en público.
Hace unos días participé en una Jornada sobre Empleo organizada por el Ayuntamiento de Palos de la Frontera, con la colaboración de Grupo Élite.
Insistí en que esto no va de convertirnos de golpe en grandes oradores. Consiste en comunicar eficazmente para que se nos entienda, para que nuestro mensaje llegue de forma clara y efectiva.
Durante la sesión lancé esta pregunta:
¿Crees que tienes más talento del que eres capaz de mostrar?
A menudo hablamos de empleabilidad en términos de formación, experiencia o competencias técnicas. Son aspectos fundamentales. Sin embargo, existe otro factor que también influye en nuestras oportunidades profesionales. Me refiero a la capacidad para comunicar quiénes somos, qué aportamos y qué nos mueve.
En una entrevista, en una reunión, en LinkedIn, en una feria de empleo o incluso tomando un café… comunicamos continuamente, aunque no siempre lo hacemos de forma consciente.
Ese paso hacia la comunicación consciente e incluso estratégica, es clave para abrir nuevas oportunidades.

La importancia de conocer nuestras fortalezas
Conocernos y gestionarnos a nosotros mismos, a nosotras mismas, es fundamental para proyectarnos convenientemente. Me basé en algunas de las reflexiones de Peter Drucker en su obra Gestionarse a uno mismo.
El autoconocimiento nos ayudará a identificar:
- Qué hago bien
- Dónde aporto más valor
- Qué fortalezas me diferencian
- Qué me mueve
Responder a estas cuestiones nos dará una base sólida para potenciar nuestra comunicación profesional auténtica.
No debemos enfocamos en nuestras debilidades. He detectado que este es uno de los aspectos que más bloquean a las personas que llegan a mis formaciones o mentorías. Tampoco debemos obviarlas, en ese caso caeríamos en la arrogancia. Pero como decía el propio, Drucker considerado el padre del management moderno, es más fácil conseguir la excelencia desde aquello en lo que somos buenos, que desde aquello en lo que no lo somos tanto.
Nuestras fortalezas podrían usarse como anclas y también como palancas.
Las anclas nos sostienen.
Las palancas nos impulsan.
Identificar nuestras fortalezas, como he comentado, es importante, muy importante. Comunicar desde ahí nos ayudará a conectar.
El poder del propósito
Otro de los conceptos que abordamos fue el Círculo Dorado de Simon Sinek.
Muchas personas saben explicar qué hacen. Algunas saben explicar cómo. Menos personas son capaces de explicar por qué.
Ese «por qué» conecta con nuestro propósito, con nuestras motivaciones y con aquello que da sentido a nuestro trabajo.
Compartí entonces una historia personal.
Mi abuelo materno estaba operado de la garganta y apenas podía hablar. Me sentaba a su lado para escucharlo con la máxima atención y conseguía conectar con él, entenderlo.
Quizá eso entronca con mi pasión por la comunicación.
Porque creo profundamente en su capacidad para tender puentes.
Para conectar personas.
Para acercar posiciones.
Para abrir oportunidades.
Y también para transformar realidades.
Hoy me fascina trabajar la comunicación con personas y organizaciones que generan un impacto positivo en la sociedad. Darles instrumentos a buenas personas para que comuniquen eficazmente es una de mis formas de contribuir de forma favorable a mejorar un poco este mundo.
Si antes de afrontar una entrevista de trabajo logras identificar tu por qué y saber qué hará que te quieras levantar cada mañana para ir a trabajar, comunica primero desde ahí. Conectarás mejor con quien te entreviste y podrían aumentar tus posibilidades de ser la persona elegida.
Los bloqueos que dificultan la comunicación
En mi experiencia como mentora encuentro algunos patrones en la forma en que muchas personas afrontan los procesos comunicativos, como el momento de hacer una presentación en público.
- La autoexigencia.
- El perfeccionismo.
- La falta de preparación.
- El miedo a equivocarnos.
Quienes tienden a centrarse únicamente en aquello que creen que hacen mal, se bloquean. Insisto mucho en que el perfeccionismo es una aspiración a algo que no existe, la perfección, por tanto, siempre nos llevará a la frustración.
En muchos casos no es la falta de talento la que limita. Es la forma en que alguien se relaciona con su propio talento.
Comunicación eficaz: claridad, coherencia y concisión
Durante la jornada trabajamos tres principios que considero fundamentales para comunicar mejor. Las 3 C:
- La claridad, para que nuestro mensaje se entienda.
- La coherencia, para alinear lo que somos, qué hacemos y cómo lo comunicamos.
- La concisión, para transmitir lo esencial sin perder fuerza.
Cuando estas tres dimensiones se combinan, resulta mucho más fácil generar confianza y conectar con otras personas.
¿Qué tienen en común los grandes comunicadores?
En la recta final analizamos perfiles comunicativos muy diferentes entre sí: la reina Letizia, el Papa León XIV, Ibai Llanos, David Broncano, Pablo Motos o Sonsoles Ónega.
Invité al público a indicar quién les gustaba más como comunicador o comunicadora y por qué.
La espontaneidad de Broncano o el lenguaje no verbal del Papa fueron algunos de los aspectos resaltados.
Nadie mencionó la perfección. Claro que no.
Y esa conclusión me parece especialmente relevante.
La comunicación profesional no consiste en convertirse en una gran oradora o en un gran orador.
Tampoco en encontrar siempre la palabra exacta.
Consiste en conectar.
Ponerle corazón
Concluí la ponencia compartiendo una idea que intento aplicar cada día.
No salgo de casa poniendo el foco en mis puntos débiles.
Intento aportar el máximo valor posible desde mis fortalezas, sin perder de vista, en estos tiempos tan convulsos, la importancia de ponerle corazón. En gran medida en nuestra calidad como seres humanos, en ser o no buenas personas, reside nuestro principal poder.
A partir de ahí la habilidad de comunicarnos eficazmente nos ayudará a construir relaciones, generar confianza y abrir oportunidades.
Por eso merece la pena entrenarla.
