Hace un par de días, mientras paseaba por una calle de la ciudad en la que vivo, un par de chicas de unos 25 años, que caminaban delante de mí, iban lanzando todo tipo de improperios contra los políticos en general. Sobre todo insistían en que todos pesiguen llenarse los bolsillos y no les preocupa nada más allá que eso. Sinceramente, aunque sea muy lamentable, pienso que es comprensible que piensen así.
Nos levantamos un día sí y otro también con grandes titulares sobre supuestos casos de corrupción vinculados a la política. El hecho al que aludo tuvo lugar la misma jornada en la que fue detenido el alcalde de Alcaucín (Málaga) presuntamente relacionado con graves delitos urbanísticos. Su partido, el PSOE, fue rápido, no obstante, en actuar, suspendiéndolo de militancia. Esa misma celeridad, en cambio, no se ha dado en otras filas. Me refiero al PP, salpicado por sucias tramas que exigen una inmediata depuración de responsabilidades que aún no se ha dado.
Decía que es posible entender que haya ciudadanos y ciudadanas que se sientan defraudados por sus representantes al ver éstos y otros casos similares. Pero en esto, al igual que en todo en la vida, generalizar es simplificar hasta el punto de equivocarnos.
De todos modos, está claro que estas reacciones, así como la valoración en general que reciben en estos momentos nuestros líderes, que no alcanzan el notable, nos deben hacer reflexionar para evitar esta terrible tendencia hacia la ruptura entre representantes y representados.
Pensaba en todo esto mientras veía el vídeo de la votación de Patxi López en el día en el que está tan cerca de protagonizar un cambio histórico en el País Vasco. Pensaba en que me encantaría que esas dos chicas vieran lo que hay detrás de esas imágenes. Pensaba que me gustaría que comprendieran hasta qué punto tiene valor luchar por unos ideales desde la libertad y frente a aquéllos que no creen en ella, ni siquiera para respetar el libre ejercicio de derecho al voto.
En estos años de trabajo he conocido a muchos políticos y políticas, de características, condiciones y valores distintos. Y estoy convencida de que la mayoría de aquéllos con los que he tenido la oportunidad de compartir experiencia están en Política porque creen en ella y en su capacidad para cambiar cosas. No obstante, habrá que trabajar mucho y mejorar muchos aspectos entre todos y todas para que la percepción de la ciudadanía sea mejor.
Por cierto, los que increpan a Patxi en el vídeo usan la imagen del protagonista de El Grito, de Edvuard Munch, cabecera de este blog. Como muchos de los que seguís EnfoqueCiudadano de manera habitual sabéis las lecciones de esa obra maestra para mí son bien distintas.
