Hace unas semanas leí en el perfil de un concejal en una red social de Internet que, en respuesta a un comentario de otro representante público, decía: “Que harto estoy del Ayuntamiento…”. Me eché las manos a la cabeza, al tratarse de alguien que aspira a gobernarlo. Supongo que entre sus contactos no sólo habría amigos, periodistas o gente como yo, con quien no tiene mucha relación, sino también, lo que es peor, vecinos de esa ciudad a los que en un par de años volverá a pedir la confianza a través de sus votos.
Más recientemente me encontré con que un “partido político” (lo entrecomillo porque en realidad se trataba de alguien que escribía en su nombre mediante la página de la organización en la red) aplaudía que un joven «dejara alto el pabellón de su agrupación» al haber anunciado que se iba de copas esa noche.
Además, la lista de comentarios y de fotos excesivamente “personales” de políticos y políticas puede llegar a ser interminable. ¿Estamos ante un striptease masivo en un escaparate en el que creemos que tenemos el cobijo de lo privado? ¿Recordáis el ejemplo del asesor de Obama ‘cazado’ en Facebook?
En mi opinión estamos asistiendo a una aplicación equivocada de las nuevas tecnologías en la política y a la infrautilización de una herramienta que de otra manera podría servir para acercar ésta a la ciudadanía. No ocurre siempre, por supuesto, hay casos como el de Patxi López, que está realizando una excelente campaña 2.0, o uno más cercano para mí, el de Mario Jiménez, pionero en el uso de estas nuevas formas de comunicación entre los políticos de Huelva. De todos modos, visto lo visto en muchos otros: asesores de imagen, temblad!!
