Estados Unidos, agosto de 1974: el presidente estadounidense Richard Nixon hace pública su dimisión. Los escándalos, conocidos como caso Watergate, por fraude, espionaje político, escuchas ilegales, etc. tambalearon al máximo mandatario de la primera pontencia mundial hasta provocar finalmente su caída.
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España, invierno de 2009: el Partido Popular, principal partido de la oposición al Gobierno, se ve salpicado por un laberíntico escándalo de espionaje y corrupción que también alcanza las comunidades de Madrid y Valencia, en las que gobierna con Esperanza Aguirre y Francisco Camps, a la cabeza, respectivamente. Hasta este preciso momento, a pesar de ríos de tinta, de grandes titulares en la prensa, la única víctima al más alto nivel se ha producido en otras filas. El ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, dio a conocer ayer públicamente su dimisión. Ésta se produce después de una cacería sin licencia tan inoportuna como inadecuada y de la campaña de acoso y contraataque perfectamente orquestada por el PP para lograr su derribo.
Supongo que más de uno y de una pensarán que ni Rajoy, ni Aguirre ni Camps son Nixon, pero en esto de los escándalos el recordatorio histórico nos hace tener presente que muros más altos han caído.
