En los últimos tiempos se habla mucho sobre 2.0 como una de las tendencias de mayor progresión en Comunicación Política. Cada vez son más los que, con más o menos acierto, se suben al carro de la incorporación de las nuevas tecnologías al proceso comunicativo de partidos e instituciones. El compromiso con esta forma de hacer política, pensada desde un enfoque ciudadano, es fundamental en una sociedad que vive aún con escasa preocupación (algo realmente preocupante, valga la redundancia) el desapego de ciudadanos con respecto a su sistema político y a los protagonistas de éste. No obstante, entre quienes se autoproclaman ‘dospuntoceristas’ se encuentran muchos despistados, desconocedores ingenuos de su auténtico trasfondo, y también muchos listillos que se suman a lo que consideran una moda con la que conseguir una etiqueta innovadora.
Más allá de una tendencia pasajera, aupada a lo más alto gracias a la apuesta de grandes líderes como Obama, la Política 2.0 debe ser entendida como una actitud, como una disposición constante, una voluntad firme hacia una manera de entender la relación entre políticos y ciudadanos, entre representantes y representados, entre instituciones y sociedad… Lejos de considerarse una mera técnica de márketing debe ser asumida por unos y otros como una garantía de diálogo permanente que entronca con el significado de la democracia real, participativa, en la que la ciudadanía, verdadera protagonista de la Política, no es escuchada sólo cada cuatro años o el tiempo que transcurre entre unas elecciones y otras. En un entorno 2.0 los ciudadanos participativos se convierten en el eje central de la Política, con capacidad para opinar, sugerir, influir sobre las decisiones de manera instantánea.
Nos encontramos en un momento en el que afortunadamente vuelve a hablarse de política de valores, quizá porque la ausencia de ellos, con figuras como el ex presidente norteamericano George Bush como principal baluarte, nos ha conducido a una situación de crisis generalizada. Tenemos una excelente oportunidad para reivindicar esta manera de hacer política, de entender la política. Absténganse de bombardearnos con inútiles proclamas electoralistas quienes emprendan este apasionante camino como simple mímesis de otros y sin el convencimiento de que en lo más profundo de él se encuentran valores como la igualdad, el diálogo, la solidaridad, la libertad…
