Os dejo este artículo de opinión en el que reflexiono sobre los crímenes machistas ocurridos este verano en España y el papel de los medios de comunicación en la lucha contra la violencia de género.
CONTRA LOS MONSTRUOS
No voy a cometer el error de juzgar a un presunto asesino antes de que lo haga la Justicia, pese a las evidencias. Y en el caso de que haya sido ese chico detenido en Rumanía el monstruo que ha asesinado a las dos muchachas, tampoco voy a llamarlo loco o demente. La tendencia a asociar demencia y homicidio estigmatiza a los enfermos mentales, que, ni mucho menos, tienen por qué ser asesinos.
Quien las haya matado es simplemente un monstruo, un ser «humano», lamentablemente, pero ante todo un monstruo cruel. Nos cuesta creer que una persona albergue tanta maldad y, sin embargo, es así.
Los crímenes machistas que se han producido este verano llenarán algunos días más portadas en prensa, portales de Internet o aperturas de informativos en radio o televisión. Pasará entonces la atención sobre ellos y, en consecuencia, sobre una realidad que, no obstante, seguirá ahí y mantendrá en peligro a muchas mujeres.
La violencia machista llevada hasta sus últimas consecuencias es la peor cara de una sociedad que mientras se autodenomina desarrollada relega a la mujer a la posición más débil; en la que se ha cerrado los ojos y los oídos generación tras generación ante casos de maltrato, porque se consideraban «domésticos»; en la que la población femenina debe trabajar una media de 79 días más al año que un hombre para ganar lo mismo por el mismo trabajo; en la que ellas tienen que cotizar once años y medio más que un homólogo masculino para alcanzar la misma pensión (fuente: Informe de UGT); en la que se jalea al «machito más cabrón» y se censura a la «zorra»; en la que lo cojonudo es lo bueno y algo coñazo es lo malo; en la que el feminismo no se considera una defensa de la igualdad, sino una doctrina errática de radicales de izquierda…
Sobre todo, me niego a aceptar que el desarrollo de una sociedad sea esto: un goteo incesante de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas que, tras ocupar nuestra atención informativa unos instantes, quizá unos días, caigan en el olvido, como tantas otras.
Creo que el mejor homenaje que podemos hacer a las víctimas es alzar nuestra voz para que sus casos sigan vivos en nuestra memoria colectiva, para pedir a todos los gobiernos, sin excepción, y empezando por el central, que trabajen de la mano para acabar con esta lacra, para que eduquemos entre todos y todas a las nuevas generaciones en la defensa de la igualdad, en el respeto mutuo, sin distinción de derechos por género…
Seguramente nunca podremos evitar la existencia de monstruos, pero, al menos, podremos lograr que quienes se encuentren ante la terrible situación de enfrentarse a ellos sepan que no están solas. Llevarán la fuerza de nuestra unión, esa vez sí, como sociedad desarrollada.

